Dios de amor, acto de fe
No violencia: la vocación cristiana
Dios de amor, acto de fe
Viernes, 25 de septiembre de 2026
La vida espiritual nos mantiene conscientes de que nuestro verdadero hogar no es la casa del miedo —donde imperan el poder del odio y la violencia—, sino la casa del amor, donde reside Dios. —Henri Nouwen, Contemplar la belleza del Señor: Orar con iconos
Los activistas Ken Butigan y Patricia Bruno entienden la fe como el centro de todas las obras de sanación basadas en la no violencia: [10]
Vivimos en medio de un sistema de violencia... ¿Nos dejaremos arrastrar por su destructividad degradante? ¿Nos volveremos violentos nosotros mismos? Ante esta violencia, se nos invita a encarnar el anhelo de Dios de un mundo en el que se honren tanto las heridas como el carácter sagrado de cada persona...
El poder transformador de la no violencia comienza y termina con la presencia de Dios. Es esta presencia la que rompe la espiral de violencia. Es esta presencia la que sana y unifica lo que ha sido separado y fracturado... El espíritu de nuestro Dios unificador se hace presente cuando se resuelve el conflicto, cuando se reescribe el guion de la violencia para acoger el carácter sagrado de todas las partes y cuando se utiliza la creatividad para romper la espiral de las represalias.
El Dios de amor es nuestra realidad última. El amor de Dios se derrama incesantemente sobre nosotros, vivificándonos y transformándonos. Consciente de ello, la no violencia cristiana desafía la pretensión —explícita y encubierta— del sistema de violencia de ser el principio rector de la vida y de que incluso Dios está sujeto a la lógica de la violencia. La no violencia cristiana se opone activamente a esta creencia, considerándola una forma de idolatría. Dios no está atado al sistema de violencia. El amor de Dios es capaz de romper toda cadena, de transformar cualquier forma de dominación o daño, de sanar toda separación y fragmentación. Dios, y no la violencia, es el principio y el fin de todo cuanto existe.
La no violencia es una vocación a la que los cristianos están llamados:
Nuestra vocación como cristianos es responder al llamado de Dios a participar en la danza divina del amor compasivo y no violento, colaborando con el poder sanador de Dios para crear las condiciones de una paz verdadera. Con este espíritu, estamos llamados a un ministerio de no violencia activa en nuestros hogares, lugares de trabajo, iglesias, calles, en el mundo en general y en nuestro propio interior. Esto significa que la no violencia no es simplemente una herramienta o una táctica; es un camino espiritual que, mediante el amor de Dios, subvierte el sistema de violencia en nuestras propias vidas y en la vida del mundo...
Practicar la no violencia activa es, a la vez, un acto de fe en el Dios del Amor y una forma de experimentar al Dios del Amor.
10 «Siete principios de la no violencia cristiana», en From Violence to Wholeness, editado por Ken Butigan y Patricia Bruno (Pace e Bene Franciscan Nonviolence Center, 1999), 46–47.

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