Reflejo de la Mente de Cristo

 Revelando el Cristo Universal  

Reflejo de la Mente de Cristo 1 

  

Martes, 24 de agosto de 2021 

  

   

  

Porque en él fueron creadas todas las cosas en el cielo y en la tierra, todo lo visible y todo lo invisible. . . —Colosenses 1:16 

  

El trabajo verdadero y esencial de toda religión es ayudarnos a reconocer la imagen divina en todos y en todo. Es reflejar las cosas de manera correcta, profunda y completa hasta que todas las cosas sepan quiénes son. Un espejo por su naturaleza refleja imparcial, igualmente, sin esfuerzo, espontánea e interminablemente. No produce la imagen, ni filtra la imagen según sus percepciones o preferencias. El auténtico reflejo solo puede generar lo que ya está allí. 

  

Podemos ampliar esta idea de reflejar para entender de otra forma al Cristo Universal. Por ejemplo, hay un espejo divino que podría llamarse la mismísima "Mente de Cristo". El espejo de Cristo nos conoce y nos ama por toda la eternidad y nos refleja esa imagen. Lógicamente no puedo demostrártelo, pero sé que las personas que viven dentro de esta resonancia son felices y saludables. Así describe el místico franciscano Buenaventura (c. 1217-1274) este reflejo: “Podemos contemplar a Dios no sólo fuera de nosotros y dentro de nosotros, sino también por encima de nosotros: fuera a través de sus vestigios [creaciones], dentro a través de su imagen y arriba a través de la luz que brilla sobre nuestras mentes, que es la luz de la Verdad Eterna". 2 

  

¿Podemos entonces ver también el hermoso significado de la declaración de Juan: "No es porque no sepas la verdad que te escribo, sino porque ya la sabes" (1 Juan 2:21)? Está hablando de un conocimiento implantado en cada uno de nosotros —un espejo interior, por así decirlo. Hoy en día, muchos simplemente lo llamarían "conciencia", y los poetas y los músicos podrían llamarlo el "alma". El profeta Jeremías la llamaría "la ley escrita en tu corazón" (31:33), mientras que los cristianos la llamarían el "Espíritu Santo que mora en nosotros". Para mí, estos términos son en gran medida intercambiables y abordan el mismo tema desde diferentes contextos y expectativas. En esa misma carta, Juan lo expresa de manera bastante directa: “Queridos míos, ya somos hijos de Dios” y en el futuro “todo lo que sabremos es que somos como Dios, porque finalmente ¡veremos a Dios como Dios realmente es! " (1 Juan 3:2). 

  

La "imagen de Dios" es absoluta e inmutable; es un don puro y total, dado por igual a todos. No hay nada que los humanos podamos hacer para aumentarlo o disminuirlo. No nos corresponde a nosotros decidir quién lo tiene o no, que ha sido la mayor parte de nuestro problema hasta ahora —decidir quién está dentro y quién está fuera, quién está arriba y quién está abajo, quién "va al cielo" y quien no. Solo la mente diminuta querría un "consuelo" tan extraño y horrible. La gran mente devuelve esas preguntas a donde pertenecen, a la única mente a la que pertenece todo, que es, por supuesto, la Mente de Cristo.  

 

1- Adaptación de Richard Rohr, The Universal ChristHow a Forgotten Reality Can Change Everything We See, Hope for, and Believe (Convergent: 2019), 59–61; and  

How Do We Get Everything to Belong? disc 3 (Center for Action and Contemplation: 2004), CD, MP3 download. 

2- Bonaventure, The Soul's Journey into God, 5.1, in Bonaventure, trans. Ewert Cousins (Paulist Press: 1978), 94. 

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