Contemplación compasiva

Corazón Contemplativo  

 

Contemplación compasiva 

  

  viernes, 1 de septiembre de 2023 

  

  

  

James Finley nos anima a cada uno de nosotros a continuar en el camino contemplativo: 

  

A través de la fidelidad renovada a nuestras prácticas contemplativas, aprendemos a discernir y tomar medidas para corregir tendencias a cargar trofeos acumulados de polvo de cosas pasadas... Sentados en silencio y quietos en meditación, caminando con atenta gratitud al atardecer, extendiendo la mano para tomar el rostro del amado entre nuestras manos, nos encontramos una vez más en los orígenes interminables del único momento presente interminable donde se desarrollan nuestras vidas. 

  

Sabemos por experiencia que en un sentido relativo, pero muy real, somos los árbitros de nuestro camino, que debemos asumir la responsabilidad de cooperar con la gracia de ser fieles a nuestras prácticas contemplativas. Si no meditamos no habrá meditación en nuestras vidas. Si no superamos pacientemente los obstáculos que encontramos en el camino, podemos perder el rumbo y perdernos a nosotros mismos en el proceso. Pero en un nivel más profundo, todo el viaje es algo al cual somos llamados una y otra vez a rendirnos al proceso de autotransformación que no creamos. Cada vez que nos entregamos a nuestras prácticas contemplativas, cualesquiera que sean, nos encontramos, una vez más, con el misterio comunitario donde no hay un yo separado. [11] 

  

Finley nos recuerda que los caminos contemplativos solitarios nos invitan simultáneamente a responder con compasión a las necesidades del mundo real: 

  

Permítanme enfatizar... la necesidad de discernir y tomar medidas para corregir las formas como nuestra autotransformación contemplativa, se ve obstaculizada por nuestra incapacidad de amar compasivamente a los demás. Idealmente hablando, un compromiso con la vida contemplativa es sinónimo de una mayor conciencia y respuesta al sufrimiento real de personas reales. La dificultad, sin embargo, es que nuestro propio ego herido puede dar vueltas en torno a las experiencias contemplativas de maneras que nos hacen menos, no más, sensibles a nuestras necesidades reales y a las de quienes nos rodean. La fe religiosa, la inspiración artística, el amor romántico-sexual, el proceso de curación psicológica y todos los demás ámbitos de la experiencia contemplativa y la autotransformación pueden y deben ser ámbitos de mayor sensibilidad compasiva hacia las necesidades reales de quienes nos rodean...  

 

La sabiduría contemplativa discierne que entorpecemos nuestra continua autotransformación cuando nos sorprendemos exponiendo, con los dientes apretados, la danza que nuestra rigidez no nos deja bailar. Pero no importa cuán tontos y destrozados podamos ser, el amor compasivo siempre está listo para agotar la rigidez basada en el miedo de la situación, hasta el punto de que reconocemos la clara invitación a unirnos a la danza general de Dios, unido en nuestro desasosiego. La danza nunca deja de agitarse dentro de nosotros, latiendo “en nuestra sangre, lo queramos o no”. [12] La danza es inmortal, infantil y libre; una Presencia infinita totalmente derramada, como la inmediatez de quiénes simplemente estamos, más allá de ser comprendidos de alguna manera. [13] 

 

 

11 James Finley, The Contemplative Heart (Notre Dame, IN: Sorin Books, 2000), 207. 

12 Thomas Merton, New Seeds of Contemplation (Norfolk, CT: New Directions, 1961), 297. 

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