Práctica sencilla
El silencio nos invita a atender profundamente al momento presente, como una mano extendida en un campo, consciente de cada brizna de hierba deslizándose sobre la piel, simplemente estando aquí ahora.
Centrado, Silencio, Serenidad
Práctica sencilla
Lunes, 24 de marzo de 2025
Richard Rohr anima a la práctica contemplativa regular.
Vivir en el presente requiere un cambio en nuestra postura interior. En lugar de expandir o reforzar nuestra fortaleza del pequeño yo —el ego—, la contemplación espera descubrir quiénes somos realmente. La mayoría de las personas creen ser sus pensamientos; no tienen ni idea de quiénes son aparte de ellos. En la contemplación, nos movemos por debajo de los pensamientos y las sensaciones hasta el nivel del ser puro y la consciencia pura.
En la oración contemplativa, observamos con calma nuestro propio flujo de conciencia y vemos sus patrones compulsivos. Esperamos en silencio con el corazón abierto y el cuerpo en sintonía. Nuestros patrones habituales no tardan en asaltarnos. Nuestros hábitos de control, adicción, negatividad, tensión, ira y miedo se imponen. Cuando Jesús es "conducido" por el Espíritu al desierto, lo primero que aparece son "fieras salvajes" (Marcos 1:13). La oración contemplativa no es reconfortante, al menos no al principio, razón por la cual muchos se dan por vencidos. Sí, la verdad nos hará libres, pero generalmente, al principio nos hace sentir miserables. [3]
Inspirado por el Padre Thomas Keating (1923-2018), fundador de Contemplative Outreach, Richard desarrolló este ejercicio:
Imagina que estás sentado en la orilla de un río. Barcos y naves —pensamientos, sentimientos y sensaciones— navegan. Mientras la corriente fluye ante tu ojo interior, nombra cada una de estas naves. Por ejemplo, una de las naves podría llamarse "mi ansiedad por el mañana". O aparece la nave "objeciones a mi esposo" o la nave "No lo hago bien". Cada juicio que dejas pasar es una de esas naves; tómate tu tiempo para nombrar cada una y luego déjalas que se desplacen río abajo.
Este puede ser un ejercicio difícil porque estás acostumbrado a subirte a la nave —tus pensamientos— inmediatamente. En cuanto posees un barco y te identificas con él, éste cobra energía. Esta es una práctica de desposesión, desapego, soltar. Con cada idea, con cada imagen que te venga a la cabeza, di: «No, yo no soy eso; no necesito eso; ese no soy yo».
A veces, el barco da la vuelta y vuelve río arriba para reclamar tu atención de nuevo. Es difícil no dejarse atrapar por los pensamientos habituales. A veces tendrás la tentación de torpedear tus barcos. Pero no los ataques. No los odies ni los condenes. La contemplación también es un ejercicio de no violencia. La clave está en reconocer tus pensamientos, que no son tú, y decir: «Eso no es algo que necesite». Pero hazlo con mucha amabilidad. A medida que aprendas a tratar tu propia alma con ternura y amor, podrás llevar esta misma sabiduría amorosa al mundo. [4]
Muchos maestros insisten la sesión contemplativa completa sea de al menos veinte minutos, porque hemos descubierto que la primera mitad (o más) de cualquier tiempo de oración contemplativa consiste simplemente en soltar los pensamientos, juicios, miedos, negaciones y emociones que quieren imponerse. Nos convertimos en observadores y testigos, retrocediendo y observando sin juzgar. Poco a poco, nos damos cuenta de que en realidad “yo” no soy esos pensamientos y sentimientos. [5]
3 Adaptación de Richard Rohr, Everything Belongs: The Gift of Contemplative Prayer (Crossroad, 1999), 75.
4 Adaptación de Richard Rohr, Simplicity: The Freedom of Letting Go (Crossroad, 2004), 94–95. See Thomas Keating, Open Mind, Open Heart: The Contemplative Dimension of the Gospel, 20th anniv. ed. (Continuum, 1986, 2006), 20, 78-79, 120.
5 Adaptación de Richard Rohr, Contemplative Prayer (Center for Action and Contemplation, 2007). Available as MP3 audio download.

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