Historia de Transformación

Bajo la superficie nos agitamos, desconcertados. ¿Se ha endurecido demasiado nuestro corazón para percibir el suave sol de la misericordia de Dios que nos atrae hacia arriba y hacia afuera? 

 

Jonás y la escandalosa misericordia de Dios   

 

Historia de Transformación 

  

Viernes, 11 de julio de 2025 

  

En la Escuela Viva del CAC: Fundamentos de la Meditación Contemplativa, el Padre Richard comparte cómo la historia de Jonás se volvió tan importante para él y su marco de transformación: [10] 

  

Poco después de mudarme a Nuevo México a finales de la década de 1980, comencé mis estudios sobre lo que se convertirían en el rito de iniciación de los hombres. Leí todo lo que pude sobre por qué cada cultura antigua consideraba necesario iniciar al hombre. Parecía que ninguna cultura asumía que los hombres crecerían de forma natural, porque ningún macho quiere perder. Quiere ganar; quiere ser el número uno. Es la naturaleza competitiva de la masculinidad, que ha influenciado profundamente nuestra cultura, sin importar quiénes seamos. Algo tiene que trascender ese nivel de conciencia. 

  

Para mí, no hay otra historia —aparte de la propia historia de Jesús— que lo haya dejado tan claro como la historia de Jonás. Aquí tenemos a un hombre que huye de Dios, huye de su propia vocación, y Dios envía un pez para que se lo trague y lo lleve adonde él preferiría no ir. ¡Perfecto! ¡Esa es la iniciación! Tenemos que ser tragados por algo más grande que nosotros mismos. La frase usada por muchos, incluyendo a Thomas Merton, era que tenemos que entrar en las entrañas de la bestia, un lugar donde no tenemos control, donde no podemos arreglarlo, explicarlo, entenderlo, ni siquiera aceptarlo. No importa nuestra falta de control, nuestra poca predisposición. Solo tenemos que aprender de ello. 

  

Siempre he dado mucha importancia al pasaje donde Jesús dice: «Esta generación es una generación malvada; busca señal, pero no se le dará, excepto la señal de Jonás» (Lucas 11:29). Su mensaje es simple y claro: Hay que morir antes de morir. En los ritos de iniciación, enseñamos a las personas que tienen que descender antes de poder ascender. En el lenguaje psicológico moderno, lo llamamos la muerte del ego o del yo separado. Lo que debe morir es nuestra sensación de separación, porque lo que acompaña a la separación es la superioridad. Una vez que nos definimos según nuestra nacionalidad, cultura, religión o identidad, sentimos que debemos defender cada una de ellas. ¡Qué desperdicio de energía! Nos hundimos en regaños y culpas; no solo somos el "número uno", sino que todos los demás son ciudadanos de segunda clase.   

 

Así de dualistas se vuelven nuestros pensamientos. Cuando el ego privado no murió, el cristianismo incluso convirtió la salvación en el viaje de victoria, creyendo saber quién "ganó". Someterse a la señal de Jonás se siente como perder, y para los estándares mundanos, también lo parece. La señal de Jonás es un símbolo de rendición, de soltar, de darse por vencido. La mayoría de nosotros no describiríamos estas etapas como las etapas del camino hacia la iluminación, pero están mucho más cerca de la verdad real y del verdadero viaje. 

 

 

 

10 Adaptado de Richard Rohr and Michael Petrow, “The Sign of Jonah,” CAC’s Living School: Essentials of Engaged Contemplation, Center for Action and Contemplation, February 2024.

 

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