Conocimiento de la diferencia
Después de la caída
Conocimiento de la Diferencia
Martes, 10 de febrero de 2026
El Dr. Brian Bantum reflexiona sobre la historia de Adán y Eva como aquella que nos inicia en la libertad de la individualidad y la diferencia, para bien y para mal: [4]
Cuando vuelvo a la historia de la caída de la humanidad, aún veo algo del orgullo y la arrogancia que me enseñaron a ver cuando era un joven cristiano. Adán y Eva desean ser como Dios y buscan algo que no está destinado para ellos. Violan la ley de Dios, su justicia. Pero aún más que eso, en la historia de la Caída, veo nuestra propensión a confundir la libertad con la individualidad. Nos veo distanciados de nuestros cuerpos, ocultando los mismos aspectos que nos diferencian unos de otros…
Cuando Dios nos creó, nos creó para ser como Él. Dios quería que amáramos y fuéramos amados. Pero cuando amas a alguien, tienes que elegirlo. Tienes que elegirlo en las cosas grandes y en las pequeñas. Para amar a alguien, tienes que ver en qué se parece a ti, y tienes que ver cómo sus diferencias son regalos, nuevas formas de ayudarte a verte a ti mismo, a Dios y al mundo…
En el jardín… Dios no escondió el árbol [del conocimiento del bien y del mal] ni lo colocó tras muros impenetrables. Creció entre muchos otros árboles. Dio fruto y creció como cualquier otro, y así se erigió ante Adán y Eva, ante nosotros, como símbolo de su libertad. Podíamos elegir no comer, y al no comer confesaríamos a Dios como nuestro creador, aquel sin quien no podemos vivir.
En nuestra libertad y conocimiento, pagamos un precio terrible:
Pero en nuestra libertad, nosotros, Eva y Adán, no descansamos en esta relación. No disfrutamos de los árboles que se nos dieron. Tomamos, cortamos, desgarramos, golpeamos, consumimos, esclavizamos lo que creemos que nos pertenece. Nuestra forma de comer era la más mínima inclinación de esa hermosa libertad, alejándonos de Dios y alejándonos unos de otros.
En nuestra desobediencia se abrió un nuevo mundo. Pudimos ver. La serpiente no mentía en algunos aspectos; los seres humanos seguíamos respirando, pensando y amando. Pero algo había cambiado… Con este nuevo conocimiento, ya no podíamos ver el significado bendito de nuestros cuerpos, de nuestra vida en común. El conocimiento que adquirimos nos llevó a escondernos, a ocultar nuestros cuerpos el uno del otro y a escondernos de Dios…
Sin embargo, Adán y Eva siguieron siendo hijos de Dios, criaturas únicas con las que Dios deseaba morar, amar y ser amado. En ese momento no perdimos la imagen de Dios. Dios no nos negó su Espíritu vivificador y su amor, pero aun así, algo cambió.
4 Brian Bantum, The Death of Race: Building a New Christianity in a Racial World (Fortress Press, 2016), 44–48.

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