Identidad Divina

Grupo de personas, independientemente de su origen, se dan la bienvenida mutuamente a la comunidad.


Subvirtiendo el sistema de honor y vergüenza 

 

 Identidad Divina 

  

Lunes, 16 de marzo de 2026 

 

  

El Padre Richard describe cómo la iglesia primitiva siguió la práctica de Jesús de honrar la dignidad humana universal: 

  

En los Hechos de los Apóstoles se utiliza una frase reveladora para describir esta nueva secta judía que está alterando el orden establecido en Tesalónica. Los cristianos fueron llevados ante el consejo municipal y se les llamó «el pueblo que ha trastornado el mundo entero… Han quebrantado los edictos del César» (Hechos 17:6-7). Nadie es llamado ante el ayuntamiento por meras convicciones o nuevas actitudes a menos que también alteren el orden social. Casi todos los milagros de sanación y de la naturaleza realizados por Jesús supusieron una reorganización de las relaciones sociales y, por ende, del orden social. Al comer con las clases bajas, tocar a los intocables, sanar en sábado y colaborar con advenedizos como Juan el Bautista a orillas del río, Jesús da un vuelco a las tradiciones de su sociedad. 

  

Jesús se niega a someterse al sistema de honor y vergüenza que dominaba la cultura mediterránea de su tiempo. Se niega a cumplir con lo que se considera honorable y se niega a avergonzar lo que la gente considera vergonzoso. Esto no le granjea muchas amistades. Quizás sea lo que más molesta a los sacerdotes y ancianos. En respuesta a que él ignorara los códigos de deuda y los códigos de pureza, deciden matarlo (véase Marcos 3:6, 11:18; Mateo 12:14; Lucas 19:47; Juan 11:53). [2] 

  

En un sistema basado en el honor y la vergüenza, el estatus, la autoimagen y el significado de una persona se construyen principalmente a través de cómo lo perciben los demás. El sistema que rodeaba a Jesús no pedía a las personas que pensaran en términos de "¿Quién soy realmente ante Dios?" (como lo hizo Jesús), o "¿Qué siento de mí mismo?" (como podría hacerlo nuestra cultura), sino más bien, "¿Cómo me ve mi comunidad?". Muchas culturas, incluso hoy en día, se basan en algún tipo de sistema de honor y vergüenza. El significado de una persona está casi completamente ligado a cómo la ven su familia y amigos. Es un medio muy eficaz de control social. 

  

En tiempos del Nuevo Testamento, la vergüenza y el honor eran valores morales que la gente se sentía obligada a seguir. Si una situación requería represalias, había que tomarlas. No hacerlo se consideraba inmoral, pues implicaba abandonar el honor del individuo, de su familia y quizás de toda su aldea. Que Jesús dijera: «No tomen represalias», supuso subvertir todo el sistema de honor y vergüenza. Es uno de los argumentos más contundentes para afirmar para afirmar que Jesús enseñó la no violencia. 

  

Una vez desafiados a vivir fuera de sus sistemas culturales, los oyentes de Jesús encontraron un nuevo lugar donde hallar su identidad: en Dios. Quienes somos en Dios es quienes somos. Se acabaron los altibajos. Nuestro valor ya no depende de si nuestra familia o comunidad nos aprecian, de si somos atractivos, ricos u obedientes a las leyes. El mensaje de Jesús es increíblemente subversivo en una sociedad basada en el honor y la vergüenza. Sin embargo, al derribar sus antiguos fundamentos, ofrece uno nuevo y más sólido: ni basado en la vergüenza ni en la culpa, sino en quiénes son ellos —y nosotros— en Dios. [3] 

 

 

 

2 Adaptado de Richard Rohr, Jesus’ Alternative Plan: The Sermon on the Mount2nd ed.  (Franciscan Media, 2022), 22, 25.  

3 Rohr, Jesus’ Alternative Plan75, 76–77.

 

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