¿Qué pasa con el pecado original?
¿Qué hacemos con el pecado?
¿Qué pasa con el pecado original?
Lunes, 9 de marzo de 2026
El Padre Richard comparte su comprensión del pecado original: [2]
La “imagen de Dios” en nosotros es absoluta e inmutable. Es un don puro y total, dado por igual a todos. Pero este panorama se complicó cuando el concepto del pecado original entró en la mente cristiana.
En esta idea —planteada por primera vez por Agustín en el siglo V, pero nunca mencionada en la Biblia—, enfatizamos que los seres humanos nacieron en “pecado” porque Adán y Eva “ofendieron a Dios” al comer del “árbol del conocimiento del bien y del mal”. Como castigo, Dios los expulsó del jardín del Edén. El pecado original no fue algo que hicimos en absoluto; fue algo que nos hicieron (lo transmitieron Adán y Eva). Desde esta perspectiva, todos empezamos mal.
En cambio, la mayoría de las grandes religiones del mundo comienzan con un cierto sentido de bondad primordial en sus relatos de la creación. Las tradiciones judía y cristiana lo lograron con gran éxito, pues el relato del Génesis nos dice que Dios llamó a la creación "buena" cinco veces en Génesis 1:10-25, e incluso "muy buena" en 1:31.
Pero después de Agustín, la mayoría de las teologías cristianas pasaron de la visión positiva de Génesis 1 a la visión más negativa de Génesis 3—la llamada caída, o lo que yo llamo el "problema". En lugar de abrazar el plan maestro de Dios para la humanidad y la creación —lo que los franciscanos aún llamamos la "Primacía de Cristo"—, los cristianos redujeron nuestra imagen tanto de Jesús como de Cristo. Nuestro "Salvador" se convirtió en una simple "respuesta" tardía al problema del pecado, un problema que, en gran medida, habíamos creado nosotros mismos.
En cierto sentido, la doctrina del "pecado original" fue buena y útil, ya que nos enseñó a no sorprendernos de la fragilidad y las heridas que todos llevamos. Así como la bondad es inherente y compartida, parece que ocurre lo mismo con el mal. Esta es, de hecho, una enseñanza muy misericordiosa. El reconocimiento de nuestra herida compartida debería liberarnos de la carga de la culpa o la vergüenza innecesarias e individuales, y ayudarnos a ser indulgentes y compasivos con nosotros mismos y con los demás.
Sin embargo, históricamente hablando, la enseñanza del pecado original nos hizo empezar con el pie izquierdo—con un no en lugar de un sí, con desconfianza en lugar de confianza. Llevamos siglos intentando resolver el "problema" que, según nos dicen, está en el corazón de nuestra humanidad. Pero si empezamos con un problema, tendemos a no superar esa mentalidad.
Para empezar a salir del hoyo del pecado original, debemos partir de una visión cósmica positiva y generosa. La generosidad tiende a construirse sobre sí misma. Nunca he conocido a un ser humano verdaderamente compasivo o amoroso que no tuviera una confianza fundamental, e incluso profunda, en la bondad inherente a la naturaleza humana.
La narrativa cristiana debe partir de una visión positiva y global de la humanidad y de la historia, o nunca superará las etapas primitivas, excluyentes y basadas en el miedo de la mayor parte del desarrollo humano temprano. Estamos listos para una importante corrección de rumbo.
2 Adaptado de Richard Rohr, The Universal Christ: How A Forgotten Reality Can Change Everything We See, Hope for, and Believe (Convergent Books, 2021), 61–62, 63–64.

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