Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes

En un misterio grandioso y en constante evolución, lo Divino se derrama en nosotros a medida que nos vaciamos. 

 Abrazar el Intercambio Divino 

 

Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes 

Viernes, 12 de junio de 2026  

Jesús dijo: «Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes. Así como una rama no puede dar fruto por sí sola si no permanece en la vid, así tampoco ustedes pueden dar fruto si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes son las ramas. El que permanece en mí, y yo en él, dará mucho fruto, porque separados de mí no pueden hacer nada… Como el Padre me ha amado, así también yo los he amado. Permanezcan en mi amor».        —Juan 15:4-5, 9   

En esta homilía, el Padre Richard habla del deseo de Jesús de que permanezcamos unidos: [6  

Quiero que sean sinceros: ¿Prefieren un amigo que siempre tiene la razón o uno que mantiene una buena relación con ustedes? Creo que sé la respuesta: Preferimos a alguien que mantiene una buena relación con nosotros. De hecho, alguien que siempre tiene la razón puede ser bastante insoportable. ¿Preferiríamos a un amigo que siempre tiene razón o un amigo con quien siempre estamos unidos? Por supuesto, preferiríamos lo segundo.    

Entonces, ¿por qué en Occidente parece que cambiamos las reglas para Dios? Muchos crecimos pensando que Dios quería que tuviéramos razón, que fuéramos correctos, incluso perfectos. Este pasaje del Evangelio de Juan dice que Dios quiere personas que tengan una relación correcta con Él, lo que significa que seamos abiertos y que sepamos escuchar a los demás con comprensión y compasión. Significa que podamos admitir nuestros errores, algo que para la mayoría de nosotros ocurre casi a diario. Sin duda, para mí también.   

 

Sin embargo, seguimos condenándonos a nosotros mismos y a los demás por no ser perfectos, por no tener razón o por no estar en lo cierto. Esta parábola, una de las más bellas de todos los Evangelios, nos dice lo que Dios desea: simplemente que permanezcamos unidos, como una rama en la vid, que es el amor de Dios.   

Todo el mundo parece empeñado en demostrar que tiene razón. Casi tenemos una incapacidad colectiva para admitir el fracaso, para reconocer que nos equivocamos, lo que nos convierte en mentirosos la mayor parte del tiempo. Jesús está llamando a un tipo de ser humano muy diferente.    

Jesús dice que quienes viven una vida de vulnerabilidad, conexión y relación darán mucho fruto. Son las personas en las que confiamos, apreciamos y admiramos, entonces, ¿por qué tantos tememos ser aquello que más admiramos? ¡Qué insensato es el ser humano! Pero, una vez más, Jesús nos ha mostrado el camino: Él es la vid; nosotros somos las ramas. Ninguno de nosotros puede ni necesita tener la razón, pero siempre podemos estar unidos.  

 

 

 

6 Adaptado de Richard Rohr, “Being Connected over Being Correct,” homily, April 28, 2018.

 

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