Creer no es tener certeza
Fe con Duda
Creer no es tener certeza
Jueves, 10 de septiembre de 2026
La cuestión en la oración no es orar porque tenemos certeza, sino orar porque tenemos incertidumbre. —Renita Weems, Listening for God (Escuchando a Dios)
La pastora metodista Renita Weems fue interrogada sobre la oración por una mujer que ya no practicaba su fe cristiana: [10]
«¿Qué sentido tiene orar si no crees en Dios?» ... Su tono era reflexivo.
«Me parece que eso es al revés. ¿Qué sentido tiene orar si no crees?».
«A veces no puedes esperar a que tu mente se ponga al día. A veces el corazón tiene que tomar la iniciativa... Incluso cuando no creo, o no puedo creer, sigo creyendo que es importante creer», me oí decir. «Eso basta para que siga balbuceando mis oraciones».
«¿No querrás decirme que tú misma tienes dudas?... ¿Por qué no simplemente lo dejas?» ...
«Por la misma razón por la que no abandono ninguna de las innumerables cosas a las que me he comprometido. No quiero vivir mi vida basándome únicamente en mis sentimientos. Los sentimientos cambian de un momento a otro. No abandono mi matrimonio solo porque hoy no ame a mi esposo. Con el tiempo, el amor regresa... Sigo orando hasta que la creencia vuelve».
Weems reflexiona sobre la conversación:
Sea lo que sea la espiritualidad, no es algo que se descubre. Es algo que se recupera—algo que uno extravía y recupera mil veces a lo largo de la vida. Tampoco la creencia en Dios, en el misterio o en la oración es algo que uno posee o no se posee. Más bien, la creencia es algo a lo que uno intenta mantenerse abierto y accesible, o algo a lo que uno se niega continuamente a abrirse. La única diferencia entre... [nosotras dos] era que yo aún quería permanecer abierta. ¿Abierta a qué? Abierta a la posibilidad de que hubiera algo más en la vida que mi propia vanidad, algo más que aquello que yo podía manipular o abarcar... Por muy incapaz que me sintiera aquel día... quería permanecer abierta a la posibilidad de que existiera algo más noble en la vida que aquello que podía ver o tocar.
A veces despertamos a ello a través de la naturaleza. A veces nos llega mediante el arte, la música, la danza o el silencio. A veces nos lo recuerdan los niños, ya sea al interactuar con ellos o al observarlos. A veces damos con ello o en encuentros fortuitos con desconocidos. Y, por un instante, quedamos cautivados por lo sublime. Pero luego lo perdemos. Perdemos su rastro, dejamos de percibir su sonido. A veces avanzamos a tientas durante lo que parecen días, meses o tal vez años, tratando de recuperarlo—intentando retomar el rastro, tratando de distinguir los sonidos. Pero, aunque avancemos a trompicones, estamos tras la pista de algo importante.
10 Renita J. Weems, Listening for God: A Minister’s Journey Through Silence and Doubt (Touchstone, 2000), 43–44, 46, 47.

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