El apóstol cosmopolita
La visión transformadora de Pablo
El apóstol cosmopolita
Lunes, 14 de septiembre de 2026
La teóloga y figura pública Rachel Held Evans (1981–2019) describe cómo Pablo utilizó su formación y sus antecedentes para difundir la buena nueva de Cristo: [2]
Pablo de Tarso era un judío orgulloso: «circuncidado al octavo día, del pueblo de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos» (Filipenses 3:5). Fariseo e hijo de fariseo, conocía y amaba la Torá y mantuvo su identidad judía en medio de una cultura pagana. También era ciudadano romano y griego, profundamente influido por el pensamiento helenístico. Pablo dominaba al menos tres idiomas —griego, hebreo y arameo— y poseía tanto un nombre judío, Saulo, como un nombre griego y romano, Pablo.
Pablo, quien originalmente perseguía a los cristianos, experimentó una conversión dramática camino a Damasco cuando una luz cegadora lo derribó y una voz desde el cielo le preguntó: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?» (Hechos 9:4). A pesar de sus temores, los cristianos de Damasco y Jerusalén acogieron a Pablo en sus hogares y cuidaron de él hasta que recuperó la vista; fueron actos de hospitalidad radical y arriesgada que, sin duda, moldearon la actitud de Pablo hacia los demás en los años venideros. Al asimilar esta intervención divina en su propia historia, Pablo comenzó a comprender el lugar que esta ocupaba en una historia mayor y a predicar a Jesús como el Mesías largamente esperado, cuya vida, muerte y resurrección cumplieron la profecía bíblica —en particular la visión de Isaías de que Israel sería «luz para las naciones» y llevaría la «salvación hasta lo último de la tierra» (Isaías 49:6; Hechos 13:47).
Este mensaje de buenas nuevas para todas las personas de todas las naciones se convirtió en la obsesión de Pablo. Mientras recorría la región con otros seguidores de Jesús, compartiendo el evangelio en ciudades de Asia y Europa, casi siempre predicaba primero a los judíos en las sinagogas y luego a los gentiles en los mercados, foros académicos y hogares. Se describía a sí mismo como un «esclavo de todos», dispuesto a hacerse «todo para todos... por causa del evangelio» (1 Corintios 9:19, 22, 23) ...
Como era de esperar, el anuncio de las buenas nuevas por parte de Pablo tuvo una acogida especial entre las clases más bajas, así como entre esclavos, viudas y mujeres. De hecho, las mujeres resultaron ser una fuerza vital en el ministerio de Pablo, desempeñándose como apóstoles, maestras, benefactoras y amigas.
Pablo saluda a sus lectores deseándoles gracia y paz:
Todas las cartas del Nuevo Testamento escritas por Pablo —o en su nombre— comienzan con la frase «gracia y paz a vosotros». Se trata de una combinación de la palabra griega charis (gracia) y la hebrea shalom (paz); una expresión aparentemente cotidiana, pero cargada de un profundo significado teológico para ambos grupos, pues los orienta hacia la misericordia, la plenitud, la justicia y la unidad.
Ciertamente, Pablo desarrolló una intensa labor teológica. Era un hombre que disfrutaba enormemente del uso de metáforas. Sin embargo, cada carta que escribió estaba al servicio de un evangelio inclusivo y lleno de gracia, que él consideraba una buena noticia para todos: judíos y gentiles, ricos y pobres, hombres y mujeres por igual.
2 Rachel Held Evans, Inspired: Slaying Giants, Walking on Water, and Loving the Bible Again (Nelson Books, 2018), 210–211, 213–214.

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