El costo de la duda

Confiamos en el camino a seguir, incluso cuando lo inesperado surge justo más allá de los límites del mapa. 


Fe con Duda 


El costo de la duda

Miércoles, 9 de septiembre de 2026


Brian McLaren normaliza las dolorosas experiencias de la duda: [8]

El origen de la palabra «duda» ayuda a poner nombre a ese dolor. La duda deriva de las mismas raíces que duo (dos) y doble, lo que sugiere que dudar es tener dos mentalidades: una que cree y otra que no. Ambas pugnan y se retuercen en tensión, tirando de ti en direcciones opuestas y sumiéndote en la angustia. Puedes mirar con los ojos de la fe y puedes mirar con los ojos del escepticismo, lo que te deja con una visión doble o una división interna.

Antes de la duda, simplemente creías. Poseías una mentalidad inocente y sin fisuras; veías con una mirada única y sentías una confianza serena en lugar de angustia. Pero esa inocencia, esa sencillez, esa pacífica unidad mental y claridad de visión se escapan ahora, convirtiéndose en las primeras víctimas de la duda... 

Para muchos de nosotros, la fe es nuestro mapa de la realidad, nuestro mapa del universo. Nos indica dónde estamos, dónde hemos estado, hacia dónde nos dirigimos y por dónde debemos seguir. Sin embargo, en cuanto ese mapa de confianza deja de coincidir con la realidad, nos sentimos desorientados. No tenemos idea de qué camino tomar, qué hacer ni cómo sobrevivir...

Las personas viven el fracaso del mapa mental, un paradigma o una cosmovisión como algo personalmente traumático. Incluso los científicos, cuando sus mapas conceptuales fallan y deben cuestionar algunos de sus supuestos científicos fundamentales, emplean un lenguaje cargado de emoción para describir la experiencia...

Albert Einstein... describió la experiencia de enfrentarse a datos que lo llevaban más allá de los límites de su mapa científico: «Era como si le hubieran quitado a uno el suelo bajo los pies, sin que se viera por ninguna parte una base firme sobre la cual construir». [9]

Si la pérdida de un mapa o modelo científico genera ansiedad, ¿cuánto más lo hará la pérdida de una cosmovisión religiosa? Esta pérdida nos amenaza con otra aún mayor: la pérdida misma de Dios o del favor, el amor y la protección divinos. ¿Qué podría resultar más aterrador para un creyente sincero?

Este terror resulta especialmente real para aquellas personas... a quienes se les enseñó que Dios es un ser supremo todopoderoso que exige perfección y sumisión absolutas; un padre estricto y exigente, y un juez severo e implacable. Sí, también se nos enseñó que Dios es amoroso, bondadoso y misericordioso; sin embargo, el requisito que Dios exige por encima de todos los demás es precisamente aquello con lo que más luchan quienes dudan: Dios exige una fe firme e inquebrantable, algo que nosotros entendíamos como tener las creencias correctas. Cuestionar esas creencias abre la aterradora posibilidad de que Dios pueda volverse contra nosotros en cualquier momento, castigarnos, rechazarnos o incluso enviarnos al infierno si no aclaramos nuestras creencias y nos aferramos a ellas con firmeza, sin albergar dudas...  

La duda puede vulnerar la fortaleza psicológica en la que nos sentíamos seguros, hacer añicos el mapa interno con el que nos hemos orientado en el mundo y amenazar con separarnos del favor y el amor de Dios.




8 Brian D. McLaren, Faith After Doubt: Why Your Beliefs Stopped Working and What to Do About It (St. Martins, 2021), 8, 9–10. 

9 «Nota autobiográfica», en Albert Einstein: Philosopher-Scientist, ed. P. A. Schilpp, Northwestern University Press, 1949, p. 45.

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