Dios es nuestro hogar

El santuario interior nos acompaña siempre, arrojando luz sobre quiénes somos y sobre nuestro viaje con lo divino y hacia ello. 


Regreso a casa 


Dios es nuestro hogar

Jueves, 15 de octubre de 2026


El anhelo de un hogar vive en todos nosotros; ese lugar seguro al que podemos acudir tal como somos, sin ser cuestionados. —Maya Angelou

La historiadora Diana Butler Bass destaca la importancia del «hogar» en las Escrituras y en diversas tradiciones de fe.

El hogar es un tema central en las grandes religiones del mundo: los judíos buscan una patria junto a Dios; los cristianos proclaman que Dios habita en nuestros corazones; los musulmanes se orientan hacia su hogar espiritual al orar; los budistas encuentran un verdadero hogar en la iluminación... Los seres humanos construimos templos para albergar la presencia de Dios, señalamos lugares sagrados mediante santuarios y, al tratar a nuestros difuntos —ya sea enterrándolos, depositándolos en el agua o cremándolos—, buscamos que encuentren el camino de regreso a su hogar junto a Dios.

La narrativa general de la Biblia es la de una humanidad en busca de un hogar... A lo largo de sus páginas, surge una dinámica espiritual: Dios no solo creó nuestro hogar terrenal, sino que Dios mismo es nuestro hogar... Es una historia poderosa, rica en ambigüedad literaria—la tierra, nosotros, el hogar y Dios son personajes casi intercambiables en este antiguo relato sobre la búsqueda incansable de la humanidad por encontrar un lugar donde habitar...

Existen también relatos específicos que abordan los temas de nosotros, el hogar y Dios. Quizás ninguno lo haga de manera tan hermosa como el libro de Rut. Rut, una mujer moabita casada con un judío, queda viuda. En lugar de permanecer en su tierra natal tras la muerte de su esposo, le suplica a su suegra, Noemí, que le permita acompañarla a Israel para encontrar un nuevo hogar:

A donde tú vayas, iré yo;

donde tú te alojes, me alojaré yo;

tu pueblo será mi pueblo,

y tu Dios, mi Dios.

Donde tú mueras, moriré yo— 

allí seré sepultada (Rut 1:16–17)


El hogar es la relación entre dos personas, un lugar físico y Dios. Se trata de una morada sagrada. [10]

Butler Bass describe cómo Dios habita con nosotros y en nosotros: [11]

Las religiones teístas insisten en que, en última instancia, Dios es nuestro hogar. Dios habita con nosotros, y nosotros en Dios. En el judaísmo, una forma de referirse a Dios es shejiná, que significa la morada o el asentamiento de la Presencia Divina; un término que también se utiliza para describir el acto de anidar de las aves. El antiguo profeta hebreo Isaías habló de Emanuel, «Dios con nosotros», como la promesa de refugio y seguridad para Israel; uno de los nombres que, más tarde, los cristianos adoptaron para referirse a Jesús…

La palabra «habitar» —en inglés dwell— está relacionada con un término del inglés antiguo que significa «herejía» o «locura». Quizás sea una especie de locura creer que Dios habita con nosotros. Si es así, esa locura constituye la esperanza más persistente de la raza humana: el anhelo de habitar. No obstante, no se trata solo de una esperanza; es también una labor ardua, un esfuerzo por brindar refugio a nuestras almas. Tal vez, crear un hogar sea una locura tanto divina como humana. Al fin de cuentas, las casas físicas terminan en ruinas, pero el hogar es una promesa espiritual que perdura… 

El hogar: una morada santa, un espacio sagrado. Rara vez nos detenemos a reflexionar sobre dónde habitamos, y mucho menos sobre cómo ese lugar influye nuestra forma de movernos por el mundo, ya sea para bien o para mal. Sin embargo, seguimos buscando un hogar, un refugio seguro donde residir y al cual regresar.




[10] Diana Butler Bass, Grounded: Finding God in the World; A Spiritual Revolution (HarperOne, 2015), 169, 170. 

[11] Butler Bass, Grounded, 190, 191, 192.

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