El vecindario más grande y hermoso

Como piedras antiguas que regresan lentamente a la ladera, las estructuras del imperio se desvanecen, mientras que el camino de Jesús —arraigado como la tierra misma— permanece.


Imperio y Cristianismo 


El vecindario más grande y hermoso

Jueves, 22 de octubre de 2026


En el encuentro virtual del CAC, titulado «¿Cómo podemos recuperar a Jesús frente al imperio?», Brian McLaren comparte cómo ha evolucionado su fe desde que comenzó a acercarse al Jesús histórico de los Evangelios. [5]

A lo largo de los últimos dos siglos, sucesivas oleadas de teólogos, pensadores cristianos y activistas han intentado liberar a Jesús de nuestras «camisas de fuerza» teológicas para redescubrirlo en su contexto histórico y político. Al hacerlo, uno se da cuenta de que el mensaje central de Jesús no era: «Aquí tienes los cuatro pasos para ir al cielo cuando mueras». El mensaje central de Jesús era: «El reino de Dios está cerca». 

«Cerca» significa al alcance de la mano, disponible ahora mismo. ¡Eso es revolucionario!

Muy pocos lo perciben así; en parte, debido a tradiciones de enseñanza erróneas y, en parte, a traducciones confusas.

La palabra «reino» (en inglés, kingdom) proviene del término griego basileia, que significa «imperio». Es, de hecho, la misma palabra. Así pues, Jesús aparece en un momento histórico en el que el imperio de César, con sede en Roma, domina el mundo mediterráneo. Jesús dice: «¡Atención a todos! El imperio de César no es más que un pequeño y sórdido rincón dentro de un reino mucho más vasto: el imperio de Dios. Dejen de concebir sus vidas bajo ese marco estrecho, desagradable y distorsionado que es el imperio humano terrenal. Desmantelen todas sus suposiciones condicionadas por Roma. Aprendan una forma totalmente nueva de ver el mundo, ¡porque el imperio de Dios nos rodea y está a nuestro alcance!».

Lamentablemente, demasiados cristianos han hecho lo contrario: han reducido a Dios a la imagen de un emperador humano. Lo ven como un autócrata supremo, dominante y autoritario. No logran comprender cómo Jesús toma el lenguaje del imperio y le da un vuelco radical.

¿Qué hacen los imperios? Matan a las personas. ¿Qué hace Jesús? Muere como un testigo no violento frente al imperio.

¿Qué hacen los imperios? Torturan y encarcelan a las personas. Jesús, en cambio, sana a las personas y las libera.

¿Qué hacen los imperios? Desplazan a las personas por la fuerza. Jesús, por su parte, va al encuentro de las personas allí donde se encuentran.

¿Qué hacen los imperios? Crean jerarquías de dominación: unos están por encima de otros, y así sucesivamente. ¿Qué hace Jesús? Adopta el papel de siervo y lava los pies de los demás. Él lidera desde abajo, arrodillado a sus pies. ¡Qué contraste tan marcado frente a los sistemas humanos de dominación!

Es cierto que Jesús habla de Dios como un padre; pero ¿es el Padre de Jesús un patriarca al estilo romano? No, Dios es todo lo contrario: un progenitor misericordioso que no castiga al hijo desobediente, sino que, por el contrario, le da la bienvenida al hogar y organiza una fiesta para celebrarlo.

De repente, al ver esto, percibes todo bajo una luz nueva. Jesús no legitima los Estados-nación humanos ni sus sistemas dominantes de control jerárquico. Mediante sus palabras y sus actos, Jesús pone al descubierto la pirámide entera y le da la vuelta. 

Él señala algo más grande y hermoso. ¿No deberíamos hacer nosotros lo mismo?




 [5] Adaptado de Brian McLaren con Randy Woodley y Edith Woodley, “How Can We Reclaim Jesus from Empire?” (Center for Action and Contemplation, July 10, 2026). Unavailable. 

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