Historias del Hogar

El santuario interior nos acompaña siempre, arrojando luz sobre quiénes somos y sobre nuestro viaje con lo divino y hacia ello.

Regreso a casa 


Historias del Hogar 

Jueves, 15 de octubre de 2026

 

Festividad de Teresa de Ávila 

El teólogo Willie Jennings recuerda cómo sus padres fomentaron un sentido de seguridad y pertenencia a través de las historias que se contaban en el hogar: [9]  

María, mi madre, me enseñó a respetar la tierra. Como muchas mujeres negras del Sur, conocía la tierra como a su propia alma. Llegué tarde. Fui el último de sus once hijos. No nací en el Sur, sino en el Norte, fruto de la «Gran Migración» cuando la población negra, cansada del Sur bajo las leyes de segregación racial (Jim Crow), puso sus esperanzas — en busca de trabajo— en las ciudades del norte y volvió a echar raíces en un clima más frío. Así pues, nací en Grand Rapids, Michigan, y cada primavera me encontraba junto a mi madre, Mary, en el jardín de nuestra casa.  

Allí, cerca de la tierra, Mary profundizó mi comprensión de su vida, su historia y sus esperanzas. Mi madre y mi padre, Ivory Jennings, eran ambos magníficos narradores. Contaban historias como el agua que cae en cascada por las Cataratas del Niágara o fluye por el Misisipi; relatos que abarcaban fragmentos —más grandes o más pequeños—, de personas, lugares, chistes, sucesos, dichos, sermones, discusiones, vestimentas, alimentos, comidas, partes del cuerpo y oraciones. Jamás pude asimilar todas aquellas historias; simplemente tuve que dejar que me envolvieran, una y otra vez, hasta que logré ubicarme dentro del caudal de su conciencia histórica. 

Mary e Ivory Jennings encontraron su hogar en Jesús, quien los sostuvo en toda circunstancia:  

A lo largo de sus asombrosas historias se entrelazaban varios temas. Como grandes e inamovibles rocas que definen el curso del agua, estos temas contenían las claves para comprender cada relato. El elemento central era Jesús. Ivory y Mary amaban a Jesús; decir que eran cristianos devotos es una descripción demasiado pobre. Una caracterización mucho más precisa sería: «Ahí estaban Ivory, Mary y Jesús». En el tejido mismo de sus vidas estaba presente la figura de Jesús —Dios hecho hombre—, quien, lejos de ser un mero indicador de su ortodoxia, llegó a constituir la esencia misma de sus historias.  Los relatos sobre Jesús e Israel estaban tan estrechamente entrelazados con las historias que mis padres contaban sobre sí mismos —su vida en el Sur, luego en el Norte, y más tarde la crianza de sus hijos menores también en el Norte— que me tomó años distinguir a los personajes bíblicos de los miembros de nuestra propia familia, a los pecadores de la Biblia que nos rodeaban, y a los lugares de dolor mencionados en las Escrituras de los lugares de dolor que ellos mismos vivieron. Jamás logré separar las esperanzas bíblicas de sus propias esperanzas reales. Conocían la Biblia, pero, lo que es aún más importante, interpretaban el mundo a través de ella…  

De niña, mi madre vivió con su abuela, una antigua esclava… La experiencia del trabajo agrícola, la vida en contacto con la tierra, la llevó también a establecer una relación contradictoria, pero a la vez muy íntima, con la tierra misma. 

Mis padres amaban el suelo, la tierra, el aire libre; y en su jardín pude ver la libertad que experimentaban en contacto con ella. El jardín les anunciaba a ellos y al mundo entero, que eran absolutamente libres de ser quienes realmente eran.



9 Willie James Jennings, The Christian Imagination: Theology and the Origins of Race (Yale University Press, 2010), 10—11. 

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