Hogar es donde comenzamos

El santuario interior nos acompaña siempre, arrojando luz sobre quiénes somos y sobre nuestro viaje con lo divino y hacia ello.


Regreso a casa 


Hogar es donde comenzamos

Domingo, 11 de octubre de 2026


Abandonarse en Dios es volver al hogar de nuestro verdadero ser. —Ilia Delio

El padre Richard Rohr reflexiona sobre cómo el viaje espiritual de «regreso al hogar» exige mantener la tensión entre el pasado y el futuro: [1]

La idea arquetípica de «hogar» apunta en dos direcciones a la vez. Señala hacia atrás, hacia un atisbo y una experiencia inicial de unión que comienzan en el vientre materno. Todos provenimos de algún tipo de hogar —a veces, uno negativo— que planta la semilla fundamental de un paraíso posible e ideal. También apunta hacia adelante, impulsándonos a comprender que ese atisbo y esa experiencia de unión podrían ser realmente ciertos. Nos guía como una brújula interior o un mecanismo de orientación hacia el hogar. En la Odisea de Homero, es el mismo hogar —la isla de Ítaca— el que constituye tanto el principio como el fin del viaje. Carl Jung ofreció esta reflexión concisa y trascendental: «La vida, llamada así, es un breve episodio entre dos grandes misterios que, sin embargo, son uno solo». [2]

De algún modo, el final está en el principio, y el principio apunta hacia el final. Se dice que incluso los niños que han tenido una infancia triste o marcada por el abuso siguen anhelando el «hogar» o a la «madre» en una forma idealizada, y desean volver a ellos de alguna manera, tal vez solo para hacerlo bien esta vez. ¿Qué está ocurriendo ahí? Creo que el Gran Misterio Único se revela al principio y nos atrae constantemente hacia su plena realización. La mayoría de nosotros no podemos desprendernos de esta promesa arraigada en nuestro interior. Algunos llamarían «alma» a esa brújula que nos guía hacia el hogar; y otros, el Espíritu Santo que habita en nosotros, y otros, simplemente nostalgia o tiempo de los sueños. Lo único que sé es algo que no puede ignorarse. Nos llama simultáneamente hacia atrás y hacia adelante, hacia nuestros cimientos y hacia nuestro futuro. También se percibe como una gracia que surge de nuestro interior y que, al mismo tiempo, nos trasciende. El alma habita en una dimensión temporal de infinita profundidad. ¿No tendría sentido que Dios sembrara en nosotros el deseo de aquello que Él mismo ya quiere concedernos? Estoy convencido de ello.  

Para entenderlo mejor, fijémonos en la reveladora palabra inglesa homesick (sentir nostalgia del hogar). Por lo general, este término connota algo tristeza o nostálgico: un vacío que busca satisfacción ya sea en el pasado o en el futuro. Yo la empleo de una manera totalmente distinta. Propongo que somos, a la vez, enviados y atraídos por una misma fuerza; esto es precisamente lo que los cristianos quieren decir cuando afirman que el Cristo Cósmico es el alfa y la omega. Al parecer, una especie de profunda nostalgia del hogar nos impulsa y nos llama a avanzar. Existe una insatisfacción inherente —y llena de anhelo— que nos envía y nos atrae hacia adelante, y que nace de nuestra unión original y radical con Dios. Lo que parece ser pasado y futuro es, en realidad, el mismo hogar, la misma llamada y el mismo Dios, para quien «mil años son como un solo día» (Salmo 90:4) y un solo día como mil años.




1 Adaptado de Richard Rohr, Falling Upward: A Spirituality for the Two Halves of Life, rev. ed. (Jossey-Bass, 2024), 55–56.

2 C. G. Jung, Selected Letters, 1909–1961, ed. Gerhard Adler (Princeton University Press, 1984), 77. 

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