Sanación universal
Imperio y Cristianismo
Sanación universal
Martes, 20 de octubre de 2026
El teólogo cheroqui Randy Woodley contrasta el énfasis del cristianismo occidental en la salvación a través de la doctrina con la labor sanadora de Jesús: [3]
Quienes se consideran en la cima de una jerarquía deben encontrar formas de mantener su poder. Las doctrinas pueden ser una herramienta muy útil para lograrlo. Si logras convencer a las masas de que les espera una recompensa en el cielo, habrás encontrado un modo de mantener a las multitudes inquietas un poco más tranquilas y dóciles. Y si, además, logras convencerlas de que son pecadoras hasta la médula —y de que, como pecadoras, deben mantenerse a raya para tener alguna posibilidad de acceder a la gracia de Dios—, entonces ya lo tienes todo resuelto. Tu poder podrá seguir expandiéndose.
Una de estas doctrinas era la creencia de que todos los seres humanos nacen pecadores. Es lo que suele llamarse la doctrina del pecado original… [la cual] encaja perfectamente con la supuesta autoridad de la iglesia dominante para conceder o negar la salvación…
Lo que la teología cristiana denomina «pecado», en la cosmovisión de los pueblos nativos americanos suele describirse como un desequilibrio o una ruptura de la armonía. Estos términos, aunque distintos apuntan a una misma realidad espiritual. Por tanto, la salvación consiste en restaurar la armonía y corregir el desequilibrio mediante la sanación.
Al reducir la idea de la salvación a una serie de fórmulas, disciplinas, oraciones o credos, la iglesia occidental perdió de vista lo esencial. La salvación… no era algo que pudiera comprarse con dinero, poder u obediencia a las palabras de un credo. La salvación se reduce a una sola cosa: la sanación. Y no una sanación para un futuro lejano, en el «más allá», sino una sanación para el aquí y el ahora.
Aún hoy, muchas personas permiten que la doctrina determine su idea de la salvación, en lugar de entender la salvación como la forma en que Dios nos sana a todos, incluida el resto de la comunidad de la creación. Me encantaría que la gente comprendiera este concepto fundamental: que la sanación es una forma mucho más adecuada de concebir el mayor regalo de Dios que el término «salvación».
Woodley describe cómo Jesús ofrece una sanación colectiva en lugar de una salvación individual:
Al observar a Jesús a través de la lente de las cosmovisiones indígenas y hebreas —en lugar de hacerlo mediante los marcos del imperialismo estadounidenses o romano—, vemos que su ministerio consistía, fundamentalmente, en restaurar la integridad, sanar los cuerpos, reintegrar a los marginados en la comunidad, desafiar los sistemas injustos y reparar las relaciones fracturadas... La sanación representa una visión más amplia de lo que el cristianismo denomina «salvación», y es algo que está a nuestro alcance, aquí y ahora, para todos nosotros.
Quizás lo más importante sea que el lenguaje «sanador» refleja mejor el deseo del Creador de que exista shalom: esa paz integral y abundancia en la que toda la creación coexiste en armonía. El shalom —al igual que las visiones indígenas de la armonía— conlleva una justicia y una plenitud que trascienden las almas individuales para abarcar comunidades enteras, culturas y la propia tierra.
El camino a seguir consiste en despojarnos de las distorsiones imperiales para revelar al Jesús que sana en lugar de conquistar, que restaura en lugar de borrar, y que empodera en lugar de someter. Bajo esta perspectiva, la salvación se convierte en lo que siempre debió ser: la sanación de todas las cosas.
[3] Randy Woodley, How Western Christianity Got It Wrong: Replacing the God of Fear with a Spirituality of Healing (Broadleaf Books, 2026), 87–88, 97–98, 104–105.

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