Sentirse en casa
Regreso a casa
Sentirse en casa
Martes, 13 de octubre de 2026
La investigadora y narradora Brené Brown comparte su sensación de nostalgia espiritual. [5]
La palabra «nostalgia» (o el anhelo de estar en casa) suele evocar imágenes de la tristeza pasajera de un niño o de su anhelo temporal de estar en casa con la familia. En la cultura actual, a menudo se resta importancia a esta emoción... [considerándola] una sensación difusa propia de los campamentos de verano, y no una experiencia emocional intensa, clave para la vivencia humana y fundamental para nuestra necesidad innata de sentir que tenemos un lugar y que pertenecemos a algo.
Brown relata el anhelo constante de su alma por volver a casa:
La nostalgia espiritual ha sido una constante en mi vida. No era una experiencia cotidiana, sino una desesperación previsible y recurrente por hallar un sentido de lo sagrado en mi interior, no fuera de mí: mi alma, mi hogar, Dios en mí. Era la nostalgia de un lugar que solo existe dentro de mí.
Durante mis treinta y cuarenta años, de vez en cuando sucumbía a ese anhelo, dejaba todo y corría tan rápido como podía para visitar el hogar que llevo dentro. La puerta hacia mi hogar espiritual interior se abría mediante una experiencia sencilla, un encuentro con un «umbral» (velo)—tal vez sentada en mi coche mientras escuchaba a Loretta Lynn cantar «Cuán grande es Él» (How Great Thou Art), o nadando una tarde con Dios en el lago Travis, o una noche rezando el Examen de Conciencia diario. Pero luego, tras esa visita, me marchaba y regresaba al mundo propio de la primera mitad de la vida. Describiría esa espiritualidad de la primera mitad de la vida como el vaivén de nostos y algos —palabras griegas que significan «el regreso al hogar» y «dolor».
En los últimos dos años, he descubierto que siento una profunda nostalgia espiritual, una sensación de anhelo por un hogar que trasciende lo terrenal. Esta nostalgia se ha convertido en una tristeza sorda y casi cotidiana. No es depresión ni agotamiento; es la incómoda certeza de que estoy llegando al final de una etapa y al comienzo de otra. Estoy partiendo y llegando a la vez. Hay miedo, sí, pero también una alegre expectación.
Hoy, cuando regreso a ese lugar interior donde habita Dios, ya no me interesa que sea una visita rápida para luego correr de vuelta al mundo de «lo que piensan los demás» y «lo que tengo que lograr». Hoy, apenas logro apartarme de ese refugio interior. Me siento atraída hacia conversaciones distintas y vínculos más profundos. Quiero que este espacio sagrado sea mi verdadero hogar, no un sitio que visito solo para apuntalar esa «vida real» que transcurre fuera de mi conexión con Dios. Empiezo a preguntarme si mi dolor —mi algia— se alimenta de mi separación de Dios y de mi verdadero ser...
Dejar atrás la primera mitad de la vida da miedo. La mayoría de nosotros dominamos a la perfección el ajetreo propio de esa etapa inicial. Lo curioso es que, al alejarme de ella, jamás siento nostalgia por esa primera mitad de mi vida... Quizás no la extraño porque, en realidad, nunca fue mi verdadero hogar.
5 Brené Brown, “Nostos and Alga: Returning Home in the Second Half of Life,” foreword to Falling Upward: A Spirituality for the Two Halves of Life, by Richard Rohr, rev. ed. (Jossey-Bass, 2024), vii, ix–x.

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