El disfraz moderno del mal
Elegir el Amor en Tiempos de Maldad
El disfraz moderno del mal
Lunes, 17 de mayo de 2021
Al informar sobre el juicio de 1961 a Adolf Eichmann, uno de los arquitectos del Holocausto, la filósofa judía Hannah Arendt (1906-1975) utilizó la frase "la banalidad del mal". Es una frase impactante para muchos porque va en contra de nuestra idea de que el mal es demoníaco, monstruoso y vil, algo que todos reconocen inmediatamente como grotesco y terrible. La frase de Arendt realmente ayuda a explicar cómo pudo suceder el Holocausto o la Shoah (catástrofe). De alguna manera, el mal se convirtió en algo común.
En su introducción al libro de Arendt Eichmann in Jerusalem: A Report on the Banality of Evil, el periodista israelí Amos Elon escribe:
[Arendt] concluyó que la incapacidad de Eichmann para hablar coherentemente en la corte estaba relacionada con su incapacidad para pensar, o para pensar desde el punto de vista de otra persona. . . . No personificaba ni el odio ni la locura ni una sed insaciable de sangre, sino algo mucho peor, la naturaleza sin rostro de la maldad nazi misma. . . destinada a desmantelar la personalidad humana de sus víctimas. Los nazis habían logrado darle la vuelta al orden legal, convirtiendo lo incorrecto y lo malévolo en el fundamento de una nueva "justicia". En el Tercer Reich, el mal perdió su característica distintiva por la que la mayoría de la gente lo había reconocido hasta entonces. Los nazis lo redefinieron como una norma civil. . . . Dentro de este mundo al revés Eichmann. . . parecía no haber sido consciente de haber hecho el mal. [1]
Como enseñaron tanto Tomás de Aquino como C.S. Lewis, para que el mal tenga éxito, debe disfrazarse de bueno, lo que aparentemente es mucho más fácil de hacer de lo que imaginamos. [2] Lo que las generaciones anteriores llamaron "el diablo" todavía está bastante activo, aunque disfrazado de la banalidad del mal. El diablo no va a aparecer de rojo con cuernos y cola y nos incitará a seguirlo. Cuando Pablo habla del diablo, usa palabras como “potestades”, “principados” y “tronos” (ver Colosenses 1:16). Es casi seguro que estas son sus palabras pre modernas para lo que ahora llamaríamos corporaciones, instituciones, estados-nación, ideologías de supremacía y organizaciones que exigen nuestra total lealtad y, por lo tanto, se vuelven idólatras ─no solo "demasiado grandes para fallar", sino incluso demasiado grandes para ser criticadas. De repente, la noción medieval de demonios se acerca mucho a casa.
Primero debemos convencer al mal en su forma organizativa glorificada. Cuando idolatramos y nos negamos a responsabilizarnos de tales realidades colectivas, por lo general se vuelven demoníacas de alguna manera. Normalmente no podemos verlo hasta que es demasiado tarde. [3]
Hannah Arendt escribió: "La triste verdad del asunto es que la mayor parte del mal lo hacen personas que nunca decidieron ser o hacer el bien o el mal". [4] Si bien el mal puede residir principalmente en forma "corporativa", la resistencia comienza con nosotros como individuos. El resto de esta semana está dedicado a las historias y la sabiduría de las personas que tomaron la clara decisión de enfrentar el mal y el odio con bondad y amor, incluso a riesgo de sus propias vidas.
[1] Amos Elon, introduction to Eichmann in Jerusalem: A Report on the Banality of Evil, by Hannah Arendt (Penguin Books: 1963, 2006), xiii.
[2] Aquinas describes the devil’s deception through evil “that has a semblance of good” in his meditation on the Lord’s Prayer. See The Three Greatest Prayers: Commentaries on the Lord’s Prayer, the Hail Mary, and the Apostles’ Creed, based on trans. by Laurence Shapcote (Sophia Institute Press: 1990), 152. Lewis’ The Screwtape Letters (1942) offers numerous examples of the ways evil presents itself as desirable.
[3] Richard Rohr, What Do We Do with Evil? The World, the Flesh, and the Devil (CAC Publishing: 2019), 50, 51.
[4] Hannah Arendt, The Life of the Mind, vol. 1: Thinking (Harcourt Brace Jovanovich: 1977), 180.
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