Clima de violencia
Espiral de Violencia
Clima de violencia
Martes, 3 de mayo de 2022
En 1977, los obispos católicos de América Latina se reunieron para denunciar su situación de violencia compartida y comprometerse nuevamente con el evangelio de la paz:
Vivimos en todo un clima de violencia. Hay violencia en el área de la economía debido a las crisis fiscales agudas, la devaluación repetida de nuestras monedas, el desempleo y los impuestos altísimos —cuya carga finalmente recae sobre los pobres y los desamparados. Hay violencia a nivel político, ya que nuestro pueblo en diversos grados se ve privado de su derecho a la libre expresión y autodeterminación y del ejercicio de sus derechos civiles. Aún más graves en muchos países son las violaciones de los derechos humanos en forma de tortura, secuestros y asesinatos. La violencia también aparece en diversas formas de delincuencia, en el consumo de drogas como escape de la realidad, en el maltrato a las mujeres —todas expresiones trágicas de la frustración y de la decadencia espiritual y cultural de un pueblo que pierde la esperanza en el mañana.
Aquí no podemos correr para escondernos en teorías vacías o escondernos detrás de las condenas de un grupo por parte de otro grupo. La violencia está aquí; es un hecho. La injusticia existe; esta es la realidad. Como cristianos, no podemos soportar esto. No podemos permitirnos acostumbrarnos al mal, y mucho menos a un mal que es cotidiano y constante. 1
En una serie de sermones, discursos radiales, artículos periodísticos y discursos públicos, el arzobispo Óscar Romero (1917–1980) de El Salvador llamó a la gente de su iglesia y de su nación a volver a los valores del evangelio, particularmente los de la justicia y el amor como la manera de acabar con la violencia.
No me cansaré de declarar que si realmente queremos un cese efectivo de la violencia debemos remover la violencia que está en la raíz de toda violencia: violencia estructural, injusticia social, exclusión de los ciudadanos de la gestión del país, represión. Todo esto es lo que constituye la causa primera, de la que brota naturalmente el resto. 2
Cuando la iglesia denuncia la violencia revolucionaria, no puede olvidar que también existe la violencia institucionalizada, y que la violencia desesperada de los oprimidos no se vence con leyes unilaterales, con armas o con fuerza superior. . . . Mientras no haya mayor justicia entre nosotros, siempre habrá brotes de revolución. 3
Recordando a los oyentes el mandamiento de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, Romero predicó:
Si hubiera amor al prójimo, no habría terrorismo, ni represión, ni egoísmo, ni esas crueles desigualdades en la sociedad, ni secuestros, ni crímenes. El amor resume la ley. No sólo eso, da un sentido cristiano a todas las relaciones humanas. . . . El amor da plenitud a todos los deberes humanos, y sin amor la justicia es sólo espada. Con amor, la justicia se convierte en un abrazo de hermano. Sin amor, las leyes son arduas, represivas, crueles. . . Pero cuando hay amor, las fuerzas de seguridad serían superfluas, no habría cárcel ni torturas, ni voluntad de golpear a nadie. 4
1 Declaración del Encuentro Internacional de Obispos Latinoamericanos sobre 'La No violencia: Un Poder para la Liberación'”, en Adolfo Pérez Esquivel, Cristo en un Poncho: Testimonios de las Luchas No violentas en América Latina (Maryknoll, NY: Orbis Books, 1983), 119
2 Óscar Romero, The Violence of Love: The Pastoral Wisdom of Archbishop Oscar Romero, compiled and translated by James R. Brockman (San Francisco: Harper and Row, 1988), 200.
3 Romero, The Violence of Love, 42.
4 Romero, 107.
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