Nuestra visión operativa del mundo
Reconocer nuestros prejuicios
Nuestra visión operativa del mundo
Domingo, 16 de noviembre de 2025
No estás aquí para verificar, / instruirte, ni satisfacer tu curiosidad, / ni dar informes. Estás aquí para arrodillarte / donde la oración ha sido válida.
—T. S. Eliot, “Little Gidding”
El padre Richard Rohr analiza cómo Jesús desafía las cosmovisiones construidas por nuestras religiones, culturas y educación familiar: [1]
Cada persona ve el mundo desde su perspectiva, una matriz de cualidades heredadas culturalmente, influencias familiares y otras experiencias de vida. Esta perspectiva, o cosmovisión, determina realmente lo que aportamos a cada conversación. Cuando Jesús habló del reino de Dios, intentaba cambiar la cosmovisión fundamental de las personas. Cuando Francisco de Asís describió su “matrimonio con la Señora Pobreza”, utilizaba una hermosa metáfora para explicar su tesis central de la vida. Cuando los estadounidenses identifican el dinero como “lo más importante”, revelan más sobre su verdadera cosmovisión de lo que creen.
Nos conviene conectar con nuestra propia visión operativa del mundo. De todos modos está ahí, así que bien podríamos conocer en realidad qué es esta ventana tan influyente. Es lo que realmente nos motiva. Nuestra implícita visión operativa del mundo determina qué llama nuestra atención y qué pasa completamente desapercibido. Es en gran medida inconsciente y, sin embargo, nos impulsa a hacer una cosa y no otra. Sin duda, es importante tomar conciencia de esta perspectiva primaria, pues de lo contrario nunca conoceremos lo que no vemos, ni por qué percibimos las cosas de forma distorsionada.
Hasta que no permitamos que el evangelio penetre en lo más profundo del inconsciente y toque nuestras concepciones operativas del mundo, nada sustancial va a cambiar. Solo se tratará de reorganizar los muebles, no de construir una habitación nueva. La verdadera reforma implica construir una habitación nueva — ¡quizás incluso toda una nueva casa!
Nuestra visión operativa del mundo está formada por de tres imágenes que residen en cada uno de nosotros. No son algo externo; ya han tomado forma dentro de nosotros. Lo único que podemos hacer es tomar conciencia de ellas, es decir, despertarlas. Las tres imágenes que debemos despertar y transformar son nuestra imagen de nosotros mismos, nuestra imagen de Dios y nuestra imagen del mundo. Una verdadera comprensión del evangelio transforma esas imágenes en una cosmovisión emocionante y, creo, veraz. Cuando decimos que Cristo es la verdad, eso es lo que queremos decir. Cristo renombra la realidad correctamente, según lo que la realidad es en verdad, dejando de lado lo que pensamos o tememos que sea. La realidad siempre es mejor de lo que cualquiera de nosotros haya imaginado o temido; hay gozo asociado con la verdadera comprensión del evangelio.
En resumen, podríamos plantearlo así: "¿Cómo debería ser la vida?" "¿Por qué no lo es?" "¿Cómo la reparamos?" Cuando estas preguntas tienen respuesta, al menos implícitamente, tenemos nuestro plan de acción y podemos vivir con seguridad y propósito en este mundo.
1 Adaptado de Richard Rohr, The Wisdom Pattern: Order, Disorder, Reorder (Franciscan Media, 2020), 135–136, 137, 138.

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