Cantos de Solidaridad

El tamborilero se aferra al ritmo interior que el exilio no puede borrar —el ritmo que resuena en los Salmos el poder de la música para nombrar la opresión, recordar el hogar y resistir el olvido.


Salmos: cantos del exilio 

 

Cantos de Solidaridad 

  

Jueves, 26 de marzo de 2026 

  

El erudito del Antiguo Testamento Walter Brueggemann describe cómo orar con los Salmos puede ser un acto de solidaridad con nuestra humanidad universal: 

  

Los Salmos, con pocas excepciones, no son la voz de Dios que se dirige a nosotros. Son, más bien, la voz de nuestra propia humanidad común, reunida a lo largo del tiempo, pero una voz que conserva una asombrosa autenticidad y actualidad. Habla de la vida tal como es, pues en esas dimensiones profundamente humanas persisten los mismos problemas y posibilidades. Así pues, cuando recurrimos a los Salmos, significa que nos adentramos en medio de esa voz de la humanidad y decidimos unirnos a ella. Estamos dispuestos para hablar entre ellos, con ellos y por ellos, para expresar nuestra solidaridad con esta angustiosa y gozosa peregrinación humana. Añadimos nuestra voz a la alegría común, al dolor compartido y a la rabia colectiva que nos aflige a todos… Cuando lo hagamos, descubriremos que las palabras de las Escrituras dan fuerza, forma y autoridad a lo que sabemos de nosotros mismos. [5] 

  

Exiliada de Cuba, la teóloga Ada María Isasi-Díaz (1943-2012) encontró consuelo en el Salmo 137: 

  

Cuando leí por primera vez el Salmo 137, recuerdo haberme sentido identificada con la mayor parte de su contenido; sentí que expresaba adecuadamente el dolor que experimentaba al estar lejos de mi país contra mi voluntad. Tras la crisis de los misiles cubanos en 1962, comprendí que mi ausencia de Cuba sería prolongada. Poco después, llegó el día en que mi estatus migratorio cambió de «turista» a refugiada. El Salmo 137 se convirtió en mi refugio: «Sentados junto a los ríos de Babilonia, llorábamos al acordarnos de Sión» (137:1). 

  

Recuerdo vívidamente el día en que me atreví a mencionarle a una amiga cuánto me identificaba con el Salmo 137. En broma, me respondió: "¿Vas a colgar tu guitarra de un árbol?"... Eran incapaces de comprender el dolor de estar lejos de la tierra que me vio nacer. A veces, mis amigos me pedían que hablara de Cuba. Los que me rodeaban no podían entender por qué yo, que amo cantar, siempre parecía reacia a cantar "Guantanamera", la canción que utiliza poemas del padre de mi patria, José Martí. Uno de ellos dice: 

  

Yo quiero cuando me muera 

Sin patria pero sin amo 

Tener en mi tumba 

Un ramo de flores 

Y una bandera. 

  

Así que me repetía: «¿Cantar nosotros canciones del Señor en tierra extraña?» (137:4) [6] 

  

Brueggemann concluye:   

 

Los salmos no se usan en el vacío, sino en una historia donde morimos y resucitamos, y donde Dios obra, poniendo fin a nuestras vidas y brindándonos nuevos comienzos llenos de gracia. Los salmos se entrelazan con nuestra experiencia. También pueden llevarnos más allá de nuestra experiencia, a menudo reservada, hacia las peregrinaciones más conmovedoras de nuestros hermanos y hermanas. [7]  

 

 

 

5 Walter Brueggemann, Praying the Psalms: Engaging Scripture and the Life of the Spirit, 2nd ed. (Cascade Books, 2007), 1–2.  

6 Ada María Isasi-Díaz, Mujerista Theology: A Theology for the Twenty-First Century (Orbis Books, 1996), 35–36.  

7 Brueggemann, Praying, 15.

 

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