Jesús perdona

La tosca cruz grabada en la pared se convierte en la marca de nuestro impulso humano de buscar un chivo expiatorio, revelando con qué facilidad señalamos hacia otro aquello que no podemos soportar en nosotros mismos.


Jesús y el fin de la práctica del chivo expiatorio 

 

Jesús perdona  

Viernes, 3 de abril de 2026   

Viernes Santo   

El padre Richard ofrece una meditación guiada, invitando a los oyentes a estar presentes con Jesús en la crucifixión: [11]   

Imagínate ante Jesús crucificado; reconoce que se convirtió en aquello que temes: la desnudez, la exposición, la vulnerabilidad y el fracaso. Se hizo pecado para liberarte del pecado (ver 2 Corintios 5:21). Se convirtió en aquello que nos hacemos unos a otros para liberarnos de la mentira de castigarnos y convertirnos en chivos expiatorios. Se convirtió en crucificado para que dejáramos de crucificar. Se negó a transmitir su dolor a los demás.   

Richard imagina a Jesús diciéndonos estas palabras, ofreciéndonos el amor y el perdón de Dios:                                                                                                                 

Amado mío, yo soy tú. Yo soy tu belleza. Yo soy tu bondad, la cual estás destruyendo. Yo soy lo que le haces a lo que deberías amar. Yo soy lo que temes: tu ser más profundo, mejor y más puro: tu alma. Tu pecado consiste principalmente en lo que haces para dañar la bondad, la tuya y la de los demás. Le temes al bien; me temes a mí. Matas lo que deberías amar; odias lo que podría transformarte. Yo soy Jesús crucificado. Yo soy tú, y soy toda la humanidad.   

Estamos invitados a responder a Jesús en la cruz:   

Jesús crucificado, tú eres mi vida y también mi muerte. Tú eres mi belleza, tú eres mi posibilidad, y tú eres mi ser completo. Tú eres todo lo que quiero, y tú eres todo lo que temo. Tú eres todo lo que deseo, y tú eres todo lo que niego. Tú eres mi alma escandalosamente ignorada y descuidada.   

Jesús, tu amor es lo que más temo. No puedo permitir que nadie me ame sin motivo. La intimidad contigo o con cualquier otra persona me aterra.   

Empiezo a comprender que yo, en mi propio cuerpo, soy un reflejo de lo que sucede en todas partes, y quiero que esto termine hoy. Quiero detener la violencia contra mí mismo, contra el mundo, contra ti. No necesito volver a crear ninguna víctima, ni siquiera en mi mente.   

Solo tú, Jesús, te negaste a ser crucificador, incluso a costa de ser crucificado. Nunca pediste compasión. Nunca te hiciste la víctima ni buscaste venganza. Respiraste perdón.   

Los humanos desconfiamos, asesinamos y atacamos. Ahora comprendo que no es a ti a quien la humanidad odia. Nos odiamos a nosotros mismos, pero por error te matamos. Debo dejar de crucificar tu bendita carne en esta tierra y en mis hermanos y hermanas.    

Ahora veo que tú vives en mí y yo en ti. Me invitas a salir de este ciclo interminable de ilusión y violencia. Tú eres Jesús crucificado. Me estás salvando. En tu amor perfecto, has elegido unirte a mí, y poco a poco estoy aprendiendo a confiar en que esto puede ser cierto.  

 

 


11 Adaptado de Richard Rohr, “Jesus: Forgiving Victim, Transforming Savior,” On Transformation: Collected Talks, vol. 1 (St. Anthony Messenger Press, 1997), Audible audio ed. 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Sistemas de Honor y Vergüenza en la Actualidad

Errar el blanco

Actos de Conexión Sanadores