Siguiendo a Cristo Crucificado
Convertirse en Discípulos
Siguiendo a Cristo Crucificado
Viernes, 4 de septiembre de 2026
La teóloga M. Shawn Copeland lamenta que tantas personas y lugares sufran una crucifixión constante:
Conocer y seguir a Cristo crucificado es conocer y amar a esos niños, mujeres y hombres pobres, excluidos y despreciados, diferentes y rechazados, linchados y crucificados en nuestro mundo…
Si siguiéramos a Cristo crucificado, oiríamos los ecos de ululaciones y llantos amargos en Gaza y Rafah, en Bagdad y Beirut, en El Cairo y Kigali…
Si siguiéramos a Cristo crucificado, recordaríamos las lágrimas que cayeron sobre los suelos ásperos y ensangrentados de los fuertes de Cape Coast, Elmina y Christiansborg…
Si siguiéramos a Cristo crucificado, atesoraríamos en nuestros corazones las lágrimas que brotaron de los ojos de los niños, mujeres y hombres cherokee, seminola y choctaw que, cojeando, atravesaron el frío y el hambre desde Oklahoma hasta Arkansas, Alabama y Misisipi…
Si siguiéramos a Cristo crucificado, recogeríamos las lágrimas que cayeron en los campos de Auschwitz, Treblinka y Sobibór…
Si siguiéramos a Cristo crucificado, recuperaríamos las lágrimas que brotaron de los ojos de los niños, mujeres y hombres que se apiñaron en frágiles barcas, viejos camiones y contenedores para asfixiarse y morir frente a vallas que cruzaban el desierto, en puestos de control abandonados en las afueras de los pueblos rurales y en fronteras fuertemente vigiladas cerca de ríos y vías fluviales…
Si siguiéramos a Cristo crucificado con atención, reverencia y devoción, reconoceríamos que las lágrimas, la sangre y los gemidos de los inocentes que se han impregnado en el aire que respiramos, se han filtrado en nuestros ríos y océanos, en la tierra que cultivamos, de la que cosechamos y de la que comemos.
Si seguimos con atención, reverencia y devoción los gemidos y las lágrimas de los brutalizados y quemados, violados y mutilados, esclavizados y cautivos a lo largo de los siglos, seremos conducidos al suelo bajo la cruz del Jesús judío crucificado de Nazaret. [8]
Copeland destaca la compasión que crece en los discípulos que siguen a Cristo en medio del sufrimiento del mundo.
Jesús crucificado encarna para todos, y para nosotros, el verdadero significado de ser humano, de ser una persona que acoge y vive el don misericordioso de amor y la libertad que Dios nos ofrece.
«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame» (Marcos 8:34-36). Nosotros, que aspiramos a ser sus discípulos, descubrimos nuestra humanidad, nuestra identidad, al imitarlo, al tomar nuestra cruz para transformar el mal en bien, pues la cruz no pertenece solo a Cristo, sino a toda la humanidad. «Él la escogió por nosotros, y nosotros la escogemos por él». [9] Nosotros, que aspiramos a ser sus discípulos, encarnamos ese significado en nuestras propias vidas al seguir los gemidos y las lágrimas… en un mundo crucificado, asumiendo una misión activa, compasiva y solidaria. [10]
8 M. Shawn Copeland, Knowing Christ Crucified: The Witness of African American Religious Experience (Orbis Books, 2018), 133, 134–135.
9 Bernard Lonergan, “The Mediation of Christ in Prayer,” in Philosophical and Theological Papers, 1958–1964, Collected Works of Bernard Lonergan, vol. 6 (University of Toronto Press, 1986), 181.
10 Copeland, Knowing Christ, 142.

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