El amor es la ley
Amar al prójimo
El amor es la ley
Jueves, 29 de octubre de 2026
La teóloga pública Rachel Held Evans (1981–2019) reflexiona sobre cómo Jesús entendía el amor como el cumplimiento supremo de la ley de Dios: [5]
Jesús dejó claro que no vino a abolir las leyes de la Torá, «sino a darles cumplimiento» (Mateo 5:17). Por tanto, la vida y las enseñanzas de Jesús encarnan, por tanto, todo lo que estas leyes pretendían ser. Jesús es la manifestación de la voluntad viva y palpitante de Dios. Esto incluye compasión por los pobres, respeto por las mujeres, sanación para los enfermos y solidaridad con quienes sufren. Significa compartir el pan con los marginados y acoger a los niños. Significa elegir el perdón frente al castigo, la cruz frente a la venganza, y preparar el desayuno para el amigo que te traicionó. Como señaló Elton Trueblood: «La doctrina cristiana histórica de la divinidad de Cristo no significa simplemente que Jesús sea como Dios. Es algo mucho más radical: significa que Dios es como Jesús». [6]
Cuando los expertos en la Ley desafiaron a Jesús a explicar de qué tratan las Escrituras, él ofreció una respuesta muy directa y profundamente judía. Citando Deuteronomio 6 y Levítico 19, respondió: «Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el primero y el más importante de los mandamientos. El segundo es semejante a este: Ama a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas» (Mateo 22:37–40).
Este es el propósito de toda liberación, de todo peregrinar por el desierto, de cada ley relacionada con los bueyes, la levadura o la sangre. Amar es honrar a Dios y guardar sus mandamientos. El amor es la ley que libera tanto al esclavo como quien lo tiene esclavizado. El amor es, en última instancia, la historia de la liberación, pues solo el amor puede sostener al viajero que sale de Egipto, atraviesa el desierto, sube la montaña y llega a la tierra prometida.
La verdad es que uno puede manipular las Escrituras para que digan prácticamente cualquier cosa que uno desee... Todos acudimos al texto buscando algo, y todos tenemos la tendencia a encontrarlo. Por tanto, la pregunta que debemos plantearnos es esta: ¿leemos con el prejuicio del amor, tomando a Cristo como modelo, o leemos con los prejuicios del juicio y el poder, del interés propio y la codicia? ¿Buscamos esclavizar o liberar, imponer cargas o brindar libertad?...
Es por esto que, en ocasiones, la pregunta más reveladora que podemos plantearnos ante el texto no es «¿Qué dice esto?», sino «¿Qué estoy buscando?». Sospecho que Jesús sabía esto cuando dijo: «Pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá» (Mateo 7:7).
Si uno desea ejercer violencia en este mundo, siempre encontrará las armas. Si uno desea sanar, siempre encontrará el bálsamo. En las Escrituras, se nos han confiado algunas de las historias más poderosas jamás contadas. La forma en que canalizamos eso —ya sea para el bien o para el mal, para la opresión o para la liberación— lo cambia todo.
5 Rachel Held Evans, Inspired: Slaying Giants, Walking on Water, and Loving the Bible Again (Nelson Books, 2018), 55–57.
6 Elton Trueblood, cited in Brian McLaren, A New Kind of Christianity (HarperCollins, 2010), 114.

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