La conversión a través de la creación
Francisco y el mundo natural
La conversión a través de la creación
Martes, 6 de octubre de 2026
La hermana Ilia Delio describe a Francisco de Asís como un místico de la naturaleza: [7]
Francisco alcanzó las cumbres de la contemplación gracias a su visión penetrante de la creación... Algunos lo consideran «el primer materialista» —en el mejor sentido de la palabra— por la forma en que contemplaba el mundo material: no por lo que es en sí mismo, sino por por lo que representa: la creación de Dios.
A Francisco se le ha descrito como un místico de la naturaleza, alguien que encuentra a Dios en los vastos y hermosos paisajes de la naturaleza. Un místico de la naturaleza es aquel cuyas experiencias místicas conllevan valorar la creación como obra de las manos de Dios; la naturaleza manifiesta lo divino. El misticismo de la naturaleza de Francisco incluía una conciencia de Dios, acompañada de las actitudes religiosas propias del asombro y la gratitud... Experimentaba una alegría espontánea ante el mundo material y cantaba sus alabanzas como un poeta trovador. Con una inmediatez que desarmaba, se sentía parte de la familia de la creación.
Delio describe cómo se profundizó la conversión de Francisco a medida que cobraba mayor conciencia de la presencia de Dios en el mundo material:
Llegar a percibir la presencia de Dios en la creación no fue una experiencia inmediata para Francisco, sino que requirió crecer en el amor. La conversión es un proceso lento que dura toda la vida. Es un esfuerzo constante por alejarse de actitudes y comportamientos centrados en el pecado para avanzar hacia relaciones centradas en Dios. Con este movimiento del pecado hacia Dios, se produce un cambio gradual en la propia conciencia respecto a los demás y en la relación con ellos. A Francisco le llevó toda una vida comprender su relación integral con los otros, no solo con los seres humanos, sino con toda la creación. El Cántico de las criaturas —que celebra la fraternidad cósmica de Francisco y su relación integral con todos los elementos del universo—, fue compuesto en 1225, un año antes de su muerte. A Francisco le llevó toda una vida darse cuenta de que era verdaderamente hermano del sol, la luna, las estrellas, el fuego y el agua; es decir, de todo el cosmos...
En su Leyenda mayor, Buenaventura describe la relación de Francisco con Cristo como una piedad cada vez más profunda. La palabra «piedad» (pietas) significa «relacionado con la sangre o la familia». Puede definirse como una actitud de respeto hacia aquellos con quienes uno está unido por vínculos religiosos o de consanguinidad, o bien por relaciones entre seres humanos. Buenaventura destaca la idea de que, a través de su relación con Cristo, Francisco llegó a comprender su vínculo «familiar» con todo, incluidas las criaturas más diminutas de la creación...
Buenaventura afirma que todo en la creación le «hablaba» a Francisco de Dios. Llegó a «ver» la bondad de Dios en cada aspecto de la creación, de modo que todo le conducía finalmente a Cristo, el Verbo de Dios. El hecho de que Francisco llegara a «ver» a Dios en la creación sugiere que contemplaba a Dios en las cosas creadas. La contemplación es una mirada penetrante que alcanza la verdad de la realidad, y Francisco llegó a «ver» la verdad de las cosas siguiendo las huellas de Jesucristo.
7 Ilia Delio, A Franciscan View of Creation: Learning to Live in a Sacramental World (The Franciscan Institute, 2003), 6, 11, 12, 16.

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