Una obediencia basada en el amor

Como pan ofrecido a alguien que se encuentra más allá del marco, se nos invita a tender la mano hacia un prójimo invisible, dando y recibiendo, a la vez, una bendición.


Amar al prójimo 


Una obediencia basada en el amor

Miércoles, 28 de octubre de 2026

 

Al resumir la parábola del buen samaritano (Lucas 10, 25-37), el reverendo Dr. Martin Luther King reflexiona sobre cómo definimos a nuestro prójimo: [4]  

¿Quién es mi prójimo? «No sé su nombre», dice Jesús, en esencia. «Es cualquier persona hacia quien tú actúas como prójimo. Es cualquiera que yace necesitado a la vera del camino de la vida. No es judío ni gentil; no es ruso ni estadounidense; no es negro ni blanco. Es “cierto hombre” —cualquier persona necesitada— en uno de los muchos caminos de Jericó que tiene la vida». Así define Jesús al prójimo: no mediante una definición teológica, sino a través de una situación vital.  

¿En qué consistía la bondad del buen samaritano? ¿Por qué seguirá siendo siempre un modelo inspirador de la virtud hacia el prójimo? Me parece que la bondad de este hombre puede describirse con una sola palabra: altruismo. El buen samaritano era altruista hasta la médula... El samaritano fue bueno porque convirtió la preocupación por los demás en la ley fundamental de su vida...  

Las leyes creadas por el ser humano garantizan la justicia, pero una ley superior genera amor... El buen samaritano representa la conciencia de la humanidad, pues también fue obediente a aquello que no puede imponerse por la fuerza. Ninguna ley en el mundo habría podido producir una compasión tan pura, un amor tan genuino, un altruismo tan absoluto...  

Más que nunca, amigos míos, personas de todas las razas y naciones se enfrentan hoy al desafío de comportarse como buenos vecinos. El llamado a una política global de «buen vecino» es mucho más que una consigna pasajera... Ya no podemos permitirnos el lujo de pasar de largo por el otro lado del camino. Tal insensatez, que antaño se calificaba como un fracaso moral, hoy nos conduciría a un suicidio universal. No podemos sobrevivir mucho tiempo espiritualmente separados en un mundo que, geográficamente, está unido.

En última instancia, no puedo ignorar al hombre herido en el «camino de Jericó» de la vida, porque él es parte de mí y yo soy parte de él. Su agonía me disminuye, y su salvación me engrandece. En nuestro empeño por hacer realidad el amor al prójimo, contamos —además del inspirador ejemplo del buen samaritano— con la vida magnánima de nuestro Cristo como guía. Su altruismo fue universal, pues consideraba a todos —incluso a los publicanos y a los pecadores— como hermanos. Su altruismo era peligroso, ya que recorrió voluntariamente caminos arriesgados por una causa que sabía justa. Su altruismo fue desbordante, pues eligió morir en el Calvario: la expresión más grandiosa de la historia de la obediencia a lo que no puede imponerse por la fuerza. 




4 Martin Luther King Jr. “On Being a Good Neighbor,” in Strength to Love (Fortress Press, 2010), 22–23, 28–29, 30. 

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