Despertar con la edad 

Como una granada abierta, se nos invita a compartir la abundancia que ha crecido en nosotros a lo largo de los años, ofreciendo nuestros dones generosamente a la comunidad amada.


Madurar: envejecer con gracia 


Despertar con la edad

Jueves, 5 de noviembre de 2026


«Madurar hasta convertirse en un anciano —en un ser que es más que simplemente una persona de edad avanzada— es una elección deliberada, reflexiva y sostenida». — Kathleen Dowling Singh, The Grace in Aging (La gracia de envejecer)

La maestra budista Kathleen Dowling Singh (1946–2017) reflexiona sobre la oportunidad que nos brinda el envejecimiento para conocer nuestro verdadero ser:

El envejecimiento puede ofrecernos el tiempo necesario para reorientarnos deliberadamente hacia la vida interior, un refugio infinitamente más fiable que cualquier cosa que el mundo pueda ofrecernos. Abrir estas perspectivas internas equivale a adentrarse en una etapa de despertar, a aligerar nuestro apego al «yo», que es la causa de todo nuestro malestar. Tenemos la oportunidad, en primer lugar, de reconocer que vivir apegados a nuestra propia noción del «yo» constituye una forma de vida limitada, estrecha y llena de tensiones; y, a continuación, de dedicarnos plenamente a prácticas que nos liberen de ese apego miope...

Utilizar estos últimos años de nuestra vida como un tiempo para despertar puede ayudarnos a sobrellevar —e incluso a crecer en amor y sabiduría— el deterioro, la enfermedad y la pérdida... Podemos, finalmente, brindarnos la experiencia de la libertad, la iluminación y la gracia mientras aún estamos en pleno curso de la vida. Asimismo, mediante nuestra propia maduración espiritual, podemos ofrecer a quienes vienen detrás de nosotros —en esta cultura nuestra, espiritualmente empobrecida— el testimonio de que el despertar es posible...

Podemos, si así lo decidimos, dedicar estos últimos años a despertar. [6]

Para Singh, elegir despertar a la realidad es un regalo al servicio de los demás:

Abrirse profundamente a la verdad de nuestro propio envejecimiento. Es un acto de sabiduría. Abrirse profundamente a la verdad de nuestra propia impermanencia es un acto de sabiduría.  Aunque tal apertura no resulte sencilla al principio —todos sabemos cómo el ego tiende a resistirse a la vulnerabilidad—, es importante hacerlo si deseamos aprovechar, con plena conciencia, el tiempo que nos queda...

Vivir la vida de un mayor —de un anciano en el sentido más pleno— es madurar hasta convertirse en alguien que es más que simplemente una persona de edad avanzada; es algo que trasciende la mera vejez. Implica madurar hacia una aceptación lúcida de la forma en que las cosas existen realmente. Esa maduración conlleva, para cada uno de nosotros, enfrentarnos a realidades a menudo difíciles, dentro de una comprensión multifacética y multidimensional de que todo lo que puede perderse, se perderá…

Si queremos reivindicar los últimos años de la vida como una etapa que encierra la posibilidad de despertar hacia la ecuanimidad y la levedad —llegando a encarnar la gracia misma—, debemos ser testigos de la maduración de esa posibilidad. No solo sería una bendición para cada uno de nosotros, sino también para un mundo que está sediento de semejante testimonio… 

Conscientes de la impermanencia —del surgir, el permanecer y el desvanecerse de cada instante, respiración tras respiración—, podemos mantener vivo el recuerdo de nuestro anhelo de vivir en la sabiduría, el amor y la compasión. Podemos perseverar en nuestra intención de madurar hacia esa madurez espiritual que, por derecho de nacimiento, nos corresponde cultivar. No existe una forma más noble de transitar estos años que la de convertirse en un mayor, actuando en el mundo como un referente —un espacio vivo— para la paz, el amor, la sabiduría y la ausencia de miedo. [7] 




6 Kathleen Dowling Singh, The Grace in Aging: Awaken as You Grow Older (Wisdom Publications, 2014), 3–4.  

7 Singh, Grace in Aging, 12, 16–17, 21, 24. 

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