El plan divino

Espíritu Santo   

                 

El plan divino 

   lunes, 29 de nayo de 2023 

   

Para Richard Rohr, el Espíritu Santo nos empodera interiormente: 

  

El poder no puede ser intrínsecamente malo porque Lucas y Pablo lo usan para nombrar al Espíritu Santo, que se describe como dynamis, la antigua palabra griega para poder (ver Hechos 10:38; Lucas 24:49; Romanos 15:13; 1 Corintios 2:5). “Recibiréis poder cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros. Entonces seréis mis testigos... hasta los confines de la tierra” (Hechos 1:8). 

  

Una vez que contactamos con nuestra Fuente Interior, nos convertimos en íconos vivientes de la Imagen Divina misma (ver Isaías 43:10). Eso es lo que representa el poder verdadero, humilde y confiado. Es el significado último de una persona bien fundamentada. 

  

Pablo expone bien la estrategia divina: “El Espíritu de Dios y nuestro espíritu dan testimonio común de que somos verdaderamente hijos de Dios” (Romanos 8:16). La meta es un conocimiento compartido y un poder común—totalmente iniciado y dado desde el lado de Dios, como vemos dramatizado en Pentecostés (Hechos 2:1–13). Como cuando María concibe a Jesús por obra del Espíritu Santo, “se nos hace” y todo lo que podemos hacer es permitir, disfrutar y sacar vida de este poderoso don. Sería tonto pensar que es nuestra propia creación. 

  

Para salvar la brecha infinita entre lo divino y lo humano, la agenda de Dios es sembrar un poco de Diosel Espíritu Santo justo dentro de nosotros (Jeremías 31:31–34; Juan 14:16–26). Este es el significado del “nuevo” pacto, que reemplaza nuestro “corazón de piedra por un corazón dócil” prometido en Ezequiel (36:25–27). ¿No es maravilloso? 

  

La morada divina es fundamental para la auténtica espiritualidad cristiana. Sin embargo, podríamos considerar al Espíritu Santo como la persona “perdida” o no descubierta de la Santísima Trinidad. Con razón buscamos poder en todos los lugares equivocadosya que no hemos hecho contacto con nuestro verdadero poder, el Espíritu que mora en nosotros (ver Romanos 8:9, 11; 1 Corintios 3:16). [2] 

  

Richard sugiere que el Espíritu Santo es la respuesta definitiva a nuestras oraciones: 

  

Oramos no para cambiar a Dios sino para cambiarnos a nosotros mismos. Oramos para formar una relación viva, no para hacer las cosas. La oración es una relación simbiótica con la vida y con Dios, una sinergia que crea un resultado mayor que el intercambio mismo. Dios sabe que necesitamos orar para mantener la relación simbiótica en movimiento y crecimiento. La oración no es una forma de tratar de controlar a Dios, o incluso de obtener lo que queremos. Como dice Jesús en el Evangelio de Lucas (11,13), la respuesta a toda oración es una, la misma y la mejor: ¡el Espíritu Santo! Dios nos da poder más que respuestas. [3]  

 

La mujer verdaderamente espiritual, el hombre verdaderamente íntegro, es una persona muy poderosa. El Dios completamente revelado de la Biblia no está interesado en mantenernos como niños (1 Corintios 13:11) o “huérfanos” (Juan 14:18). Dios quiere compañeros adultos que puedan manejar el poder y criticarse a sí mismos (ver Hebreos 5:11–6:1). [4] 

 

2 Adaptación de Richard RohrThings Hidden: Scripture as Spirituality (Cincinnati, OH: Franciscan Media, 2008, 2022), 102–103. 

3 Adaptación de Richard RohrBreathing under Water: Spirituality and the Twelve Steps (Cincinnati, OH: Franciscan Media, 2011, 2021), 57. 

4 RohrThings Hidden, 103, 104.

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