Una alegría diferente

Como una flor primaveral que se eleva hacia la luz dorada, Cristo continúa desplegándose en nuestro mundo incluso ahora.


Historia de la Pascua 

 

Una alegría diferente   

Martes, 7 de abril de 2026   

La teóloga y presentadora de podcasts Kate Bowler describe la Pascua como una fiesta de alegría que no borra el dolor que la precedió: [3]   

La Pascua es la época de la alegría.   

Los aleluyas regresan. La historia llega a su punto culminante. La muerte no tiene la última palabra.   

La Pascua es esa hermosa y dulce nota final del himno de salvación en el que creemos con todo nuestro corazón: Cristo ha vencido a la muerte, y algún día estaremos con Dios para siempre. ¡Aleluya! ¡Aleluya!   

La alegría nos brinda momentos increíbles, breves y conmovedores en los que sentimos el amor abrumador de Dios y nuestro lugar en este mundo. Nuestra alma clama: Sí. Estoy agradecida. ¡Qué bueno es estar viva!   

 

La alegría es un don de Dios y un sentimiento que brota desde donde reside el alma (probablemente cerca de las entrañas. Esta es mi teoría, después de darme cuenta de que nunca amaré nada tanto como amo las papas fritas Old Dutch Ketchup).   

Pero esa no es la única forma en que se manifiesta la alegría.   

Hay un aspecto de la alegría que a menudo pasamos por alto en Pascua, y aparece precisamente cuando la Pascua llega y se va, y la vida queda… inconclusa. Nos despertamos a la mañana siguiente y descubrimos que seguimos cargando con las mismas penas, las mismas oraciones sin respuesta, el mismo dolor que llevamos durante la Cuaresma.   

Esto puede resultar confuso. ¿No deberíamos sentirnos mejor? ¿Acaso la Pascua no fue suficiente?        

Pero la alegría de Pascua no es la sensación de que todo se ha solucionado. No es felicidad, resolución ni cierre emocional. La alegría de Pascua es la capacidad de vivir con la esperanza y la confianza cristianas —con paciencia e imperfección— incluso mientras permanecemos aquí, en medio de este largo periodo.   

La alegría es una de las experiencias más poderosas que podemos tener porque es una emoción que puede coexistir con nuestra vida cotidiana. A diferencia de la felicidad, la alegría puede coexistir con la tristeza, el aburrimiento, el miedo o la desesperación. Amplía nuestra capacidad de aceptar verdades contradictorias al mismo tiempo, y gracias a que conocemos la alegría, recuperamos una extraña y firme convicción de que la vida aún merece ser amada, incluso cuando duele.   

Las Escrituras son sinceras al respecto. Jesús llora ante la tumba de Lázaro, aun sabiendo que la resurrección se acerca. Pablo habla de estar «tristes, pero siempre gozosos» [2 Corintios 6:10]. Apocalipsis [21:4] promete un futuro donde Dios enjugará toda lágrima, pero esa promesa no es lo mismo que fingir que no lloramos ahora.   

Aquí reside la alegría de la Pascua.   

No es alegría en lugar de dolor, sino alegría con dolor.  

No es una alegría que nos impulse hacia adelante, sino una alegría que nos permite seguir siendo humanos mientras tanto... Esta alegría es más completa que el optimismo. Es más auténtica que la simple felicidad. Es la profunda certeza de que la historia no ha terminado, incluso cuando nuestras vidas se sienten dolorosamente incompletas.  

La alegría de la Pascua reside en la gracia de poder decir: «Esto es difícil. Sigo esperando. Y Dios sigue siendo bueno».     

No porque todo haya cambiado, sino porque, un día, de repente, Dios promete que todo cambiará. 

 

 

 3 Kate Bowler, autora de «Una alegría diferente», incluida en la colección de Meditaciones Diarias de Richard Rohr (CAC Publishing, 2026). Kate Bowler, doctora en filosofía, es autora de cuatro bestsellers del New York Times, profesora de la Universidad de Duke y presentadora de Everything Happens. Su último libro, Joyful, Anyway, es una reflexión sobre la decepción, la esperanza y las sorprendentes maneras en que la alegría nos acompaña en la vida cotidiana. 

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