La tarea de los profetas

El agua que fluye constantemente sobre la piedra evoca el llamado de Amós a que la justicia fluya como un arroyo inagotable, y la promesa de Isaías de una paz que perdura más allá de cualquier obstáculo en su camino.


Profetas Hebreos 

La tarea de los profetas


Lunes, 17 de agosto de 2026 


La tarea del profeta consiste en expresar las nuevas realidades frente a las más visibles del antiguo orden. La energía está estrechamente ligada a la esperanza. Nos energiza no lo que ya poseemos, sino lo que está prometido y por venir.                                                 —Walter Brueggemann, La imaginación profética   

En 1980, Richard Rohr impartió una serie de charlas sobre los profetas hebreos. Aquí habla de la imaginación esperanzadora a la que nos invitan los profetas y Dios: [2]  

Los profetas cultivan y evocan una nueva forma de pensar. Nos brindan imágenes y palabras que subvierten nuestro sistema y nos dicen que aún no hemos visto el panorama completo. Los profetas no se preocupan solo por el cambio social en sí mismo. Se preocupan sobre todo por la transformación y la libertad del corazón, y entonces, desde ese corazón libre, el profeta dice: «Escuchen». El profeta crea una conciencia nueva y liberadora que nos permite escuchar la palabra divina.  

En medio de esa libertad, los profetas siembran una promesa, una visión alternativa y novedosa; pero la promesa nunca llega a cumplirse del todo. Nos tienta y nos atormenta con insatisfacción, ¡y sin embargo nos impulsa a seguir adelante! No es que Dios o los profetas estén jugando con nosotros. Es que nos energiza la esperanza de las promesas de Dios. Lo que nos da la energía y la fuerza para seguir adelante es la promesa, el sueño, la visión de lo que podría ser y de lo que hay más allá del momento presente. El profeta lo sabe, y Dios lo sabe. En el éxodo, Dios siembra la promesa en el corazón de Moisés, y luego Moisés se la transmite al pueblo.  

Estas promesas no son mentiras. Son ciertas, pero no siempre son lo que esperamos o anhelamos, y por eso Dios nos llama a ir un poco más allá. Así es como el amor divino expande nuestros corazones. Este es el verdadero renacimiento. Así es como renacemos una y otra vez hasta que, a través de la muerte, accedemos a la promesa de una vida más profunda.  

La cultura establecida y dominante carece de promesas auténticas porque busca perpetuarse. El sistema ofrece promesas materialistas y autoprotectoras de más dinero y una vida mejor; nos incita a consumir cada vez más. No puede ofrecer una promesa que llene y expanda el corazón más allá de sí mismo, hacia el mundo entero.   

Las promesas de Dios energizan y expanden el corazón, aumentando nuestra capacidad de vivir y nuestra calidad de ser en este mundo. Infunden autoridad en nuestro interior. Esta es, en definitiva, la única forma de vencer a la muerte, la única respuesta al absurdo de que este tiempo vaya a terminar. Eso es lo que hacen las promesas de Dios: nos conducen a la experiencia de una vida más plena. Los evangelistas lo llaman resurrección. 



2 Adaptado de Richard Rohr, The Prophets (Catholic Charismatic Bible Institute, 1980), audio recording. Unavailable. 

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